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Teoría

Inflación acumulada en el año como indicador

Visto en 5 apariciones de los programas.

Qué es

El IPC no es un precio: es un número índice. Cada mes el instituto de estadística valoriza una canasta fija de bienes y servicios —ponderada por lo que efectivamente gastan los hogares, según la encuesta de presupuestos familiares— y la compara contra un período base. La fórmula de fondo es la de Laspeyres (1871): cantidades congeladas en el período base, precios que se mueven. De ahí salen tres lecturas distintas del mismo índice, y confundirlas es el error más común al leer un dato de inflación.

La variación mensual es el cambio del índice respecto al mes anterior. Es ruidosa y estacional: en Chile marzo carga educación y transporte, enero trae reajustes, y ningún analista serio anualiza un mes suelto.

La variación en doce meses compara el índice de hoy contra el mismo mes del año pasado. Es la que titula la prensa y la que el Banco Central compara contra su meta de 3%. Su defecto es que mira hacia atrás: once de sus doce meses ya ocurrieron, y una parte de su movimiento futuro está mecánicamente determinada por qué meses viejos van saliendo de la ventana —lo que se conoce como arrastre estadístico o efecto base—. Un dato en doce meses que baja puede no decir nada sobre el presente si lo que pasó fue que salió un mes malo del año anterior.

La inflación acumulada en el año —la variación del índice desde diciembre del año anterior— es la tercera, y es la que sirve para lo que casi nadie usa: restar. Si el año se proyecta cerrando en cierta cifra y ya se acumuló una parte, lo que queda por soportar en los meses restantes es la diferencia. La resta correcta es multiplicativa, no aritmética: las variaciones se encadenan, así que con 4,0% proyectado y 2,2% acumulado el resto no es 1,8% sino 1,04 ⁄ 1,022 − 1 = 1,76%. A tasas bajas la brecha es menor; a tasas altas deja de ser un detalle.

Su virtud —y también su condición de uso— es la estacionalidad. La inflación acumulada a abril no es comparable con la acumulada a agosto, porque le faltan los meses caros. Solo tiene sentido contra el mismo corte de años anteriores: abril contra abril. Hecha así, la comparación mantiene fija la estacionalidad y deja ver lo único que interesa, que es la desviación respecto a la norma histórica. Es el mismo principio por el que los manuales estadísticos recomiendan comparar períodos homólogos antes que anualizar tramos parciales (Mankiw, 2020; FMI, 2020).

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 9 de mayo de 2025, el tema fue exactamente este: cuál es el indicador que ordena la discusión sobre inflación. La tesis del programa fue que ni el dato mensual ni la variación en doce meses sirven para saber qué viene, y que el número útil es el acumulado desde diciembre, porque es el que se le resta a la inflación estimada del año para saber cuánta queda por soportar.

La comparación que ancló el argumento fue histórica, no anecdótica. Willy Díaz la planteó así: "del 2010 al 2021 la inflación acumulada a abril cada año es de 1,3%, y ahora estamos acumulando 2,2%". Es la aplicación literal de la regla de comparación homóloga: once abriles contra el abril del momento, misma estacionalidad a ambos lados. Y el corolario que el programa extrajo es aritmético más que opinable: con 2,2% acumulado en 2024 y otra vez 2,2% en 2025 —casi el doble de la norma de una década—, cualquier proyección anual creíble exige que los ocho meses restantes se comporten mucho mejor que su propio promedio histórico. No es un pronóstico: es la restricción que el dato ya impuso.

Relación con otros conceptos

El acumulado en el año es la contraparte de corto plazo de la meta de inflación, que el Banco Central define en doce meses y sobre un horizonte de dos años; el acumulado es lo que permite juzgar si la trayectoria intra-anual va o no camino a esa meta antes de que el dato en doce meses lo confirme. Se apoya en la estacionalidad del IPC y en la desestacionalización, que persiguen el mismo objetivo por otra vía. Tiene un pariente directo en el arrastre estadístico, que mide la porción de la inflación del año siguiente ya determinada por el camino recorrido. Conversa con la inflación subyacente —que quita alimentos y energía para separar señal de ruido, mientras el acumulado separa señal de calendario— y con las expectativas de inflación, porque un acumulado que corre por sobre la norma es justamente lo que desancla las proyecciones de los agentes. Y es insumo directo de todo lo indexado en la economía chilena: UF, reajustes de contratos y salarios reales dependen del índice, no de la lectura en doce meses.

Fuentes y lecturas

  • Laspeyres, E. (1871), Die Berechnung einer mittleren Warenpreissteigerung, Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik. El origen de la fórmula de canasta fija que sigue detrás del IPC.
  • Fisher, I. (1922), The Making of Index Numbers, Houghton Mifflin. El tratado clásico sobre qué se gana y qué se pierde al resumir muchos precios en un número.
  • Fondo Monetario Internacional (2020), Consumer Price Index Manual: Concepts and Methods, FMI, Washington D.C. El estándar internacional vigente para construir, encadenar y comparar índices de precios.
  • Mankiw, N. G. (2020), Principles of Economics, 9ª ed., Cengage. Capítulo de medición del costo de la vida: la explicación de manual sobre las distintas lecturas del mismo índice.
  • Banco Central de Chile, Informe de Política Monetaria (IPoM), publicación trimestral. La fuente donde vive la proyección anual de inflación contra la cual se hace la resta.

Apariciones