MercadistasMercadistasEntrar con GoogleApoyar el sitioApoyar

Teoría

Instrumento versus objetivo de política económica

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La política económica se hace con instrumentos y se juzga por objetivos, y confundir unos con otros es uno de los errores de lectura más comunes del debate público. Un instrumento es una variable que la autoridad controla de manera directa: la tasa de política monetaria, el encaje, el gasto público, una tasa de impuesto, el arancel. Un objetivo (o meta final) es una variable que a la autoridad le importa pero que no puede fijar por decreto: la inflación, el empleo, el crecimiento, la estabilidad del sistema de pagos. Entre ambos suele haber una capa intermedia —agregados monetarios, expectativas de inflación a dos años, el tipo de cambio real— que sirve de indicador de que el instrumento está haciendo su trabajo, pero que tampoco es un fin en sí mismo.

La formulación clásica es de Jan Tinbergen (1952), que ordenó el problema como un sistema: si el gobierno quiere alcanzar simultáneamente n objetivos independientes, necesita al menos n instrumentos independientes. La regla de Tinbergen explica por qué un mandato con dos objetivos es cualitativamente más difícil que uno con un solo objetivo, y no solo "más trabajo": con un único instrumento y dos metas que apuntan en direcciones opuestas, el resultado óptimo es un compromiso, no el cumplimiento de ambas. Mundell (1962) agregó la otra mitad del problema —el de asignación—: cuando hay varios instrumentos, cada uno debe destinarse al objetivo sobre el cual tiene ventaja comparativa, porque asignarlos al revés puede volver inestable al sistema aunque el modelo tenga solución.

De ahí se desprenden dos advertencias que la teoría posterior hizo explícitas. La primera es que hay objetivos que simplemente no están al alcance del instrumento: Friedman (1968) argumentó que la política monetaria no puede fijar de manera permanente ni la tasa de interés real ni el desempleo, y que intentarlo solo produce inflación. La segunda es la elección misma del instrumento en un mundo incierto: Poole (1970) mostró que conviene operar con la tasa de interés cuando las perturbaciones dominantes vienen del lado monetario, y con la cantidad de dinero cuando vienen del gasto real. Los bancos centrales modernos terminaron en el primer régimen —la tasa como instrumento operativo, la inflación como meta— y eso es exactamente lo que hoy hace que la conversación se enrede: el instrumento es la variable visible, la que aparece en la noticia y en el dividendo hipotecario, mientras que el objetivo es abstracto y se verifica recién en un horizonte de dos años.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 7 de agosto de 2026, el tema fue el contraste entre el mandato único del Banco Central de Chile y el mandato dual de la Reserva Federal, y la distinción apareció en su forma más limpia. Pepe Arias lo resumió así: "la tasa en sí no es un objetivo, es un instrumento".

El punto del panel fue que el Banco Central chileno debe velar por la inflación y para eso sube o baja la tasa, por más que para el deudor hipotecario esa tasa se sienta como el problema y no como la herramienta. La Fed, en cambio, tiene que controlar la inflación y mantener el desempleo dentro de ciertos márgenes, lo que —en el lenguaje de Tinbergen— es dos objetivos con esencialmente un instrumento, y por eso su problema es más complejo. Vale precisar un matiz legal: la Ley Orgánica Constitucional 18.840 (1989) encarga al Banco Central "velar por la estabilidad de la moneda y el normal funcionamiento de los pagos internos y externos", que en la práctica se opera como meta de inflación de 3% en un horizonte de dos años; y el Federal Reserve Act, tras la reforma de 1977, menciona empleo máximo, precios estables y tasas de largo plazo moderadas. La asimetría que describió el programa es real, aunque ninguno de los dos mandatos sea literalmente de una sola línea.

Relación con otros conceptos

Esta distinción es la base de la tasa de política monetaria y de las metas de inflación: un régimen de metas es, precisamente, un arreglo institucional que fija el objetivo por ley y deja el instrumento a discreción técnica del banco central. Se conecta con la independencia del banco central —tiene sentido delegar el instrumento, no la elección del objetivo— y con la curva de Phillips, que es el mecanismo que hace que un mandato dual sea conflictivo en el corto plazo. También ilumina la ley de Goodhart: cuando un indicador intermedio se convierte en meta operativa, tiende a dejar de informar sobre el objetivo que lo justificaba. En política fiscal aparece el mismo esquema —la regla de balance estructural separa el instrumento (gasto) de la meta (solvencia de mediano plazo)— y en economía abierta reaparece como la trinidad imposible: tres objetivos, dos instrumentos, uno se cede.

Fuentes y lecturas

  • Tinbergen, J. (1952), On the Theory of Economic Policy, North-Holland.
  • Mundell, R. (1962), "The Appropriate Use of Monetary and Fiscal Policy for Internal and External Stability", IMF Staff Papers, 9(1).
  • Poole, W. (1970), "Optimal Choice of Monetary Policy Instruments in a Simple Stochastic Macro Model", Quarterly Journal of Economics, 84(2).
  • Friedman, M. (1968), "The Role of Monetary Policy", American Economic Review, 58(1).
  • De Gregorio, J. (2012), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson (capítulos de política monetaria y régimen de metas de inflación; texto chileno estándar).
  • Blanchard, O. (2021), Macroeconomics, 8ª ed., Pearson.

Apariciones