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Teoría

Lagunas previsionales y densidad de cotización

Visto en 3 apariciones de los programas.

Qué es

La densidad de cotización es la proporción de meses efectivamente cotizados sobre el total de meses de vida laboral potencial de un trabajador. Si alguien pudo cotizar 480 meses (40 años) y solo registró aportes en 288, su densidad es 60%. Las lagunas previsionales son el complemento: los períodos sin aporte, ya sea por desempleo, informalidad, trabajo por cuenta propia sin cotización obligatoria, migración entre sistemas, cuidado no remunerado o simple evasión del empleador.

La razón por la que esta variable importa tanto en un sistema de capitalización individual es aritmética. En un esquema de cuentas individuales, la pensión final depende del saldo acumulado, y ese saldo es una función del salario imponible, la tasa de cotización, la densidad y —sobre todo— del tiempo que cada peso permanece invertido. Una laguna no resta solo el aporte que no se hizo: resta también todos los años de interés compuesto que ese aporte habría devengado. Un mes no cotizado a los 25 años cuesta mucho más, en pesos de jubilación, que un mes no cotizado a los 60. Por eso las trayectorias laborales fragmentadas producen pensiones desproporcionadamente bajas respecto de lo que sugeriría el promedio salarial de la persona.

Esto conecta con lo que la teoría del ciclo de vida (Modigliani y Brumberg, 1954) supone y el mercado laboral latinoamericano incumple: el modelo canónico imagina un individuo que suaviza consumo a lo largo de una vida laboral continua, ahorrando en la etapa activa para desahorrar en la vejez. Cuando la trayectoria es intermitente, el mecanismo de suavizamiento se rompe por el lado del ahorro, no por el de la voluntad. El trabajador no es imprudente; es que no tiene un contrato que le retenga la cotización en la fuente.

La distinción entre sistemas de reparto y de capitalización cambia dónde se castiga la laguna, pero no la elimina. En reparto suele existir un requisito de años de contribución para acceder al beneficio: la laguna se castiga en el umbral (te deja fuera o con beneficio proporcional). En capitalización se castiga de forma continua y silenciosa, peso a peso, sin que el trabajador reciba señal alguna en el momento. Barr y Diamond (2008) insisten en que ningún diseño de reglas puede compensar la ausencia de una base contributiva: si la economía no genera empleo formal, el sistema previsional recibe un problema que no fue creado ahí y que no puede resolver con parámetros.

De ahí surge el concepto de precariedad compuesta: la informalidad no es una condición única, sino un paquete de exclusiones simultáneas —sin cotización previsional, sin seguro de salud contributivo, sin seguro de cesantía, sin capacidad de acceso al crédito formal— que se refuerzan entre sí. Un mismo mes de informalidad produce daño en cuatro dimensiones a la vez, y el costo no se queda en el individuo: reaparece décadas después como gasto fiscal en pensiones no contributivas y en salud pública. Es, en rigor, un pasivo contingente del Estado que ninguna contabilidad registra en el momento en que se genera.

Cómo lo explicó el programa

El 31 de agosto de 2026, en Buenas Tardes Mercado, el panel discutió por qué la cifra de informalidad —en torno al 27%— se lee mal cuando se la trata como una estadística de empleo y no como un indicador de calidad de la trayectoria laboral. El argumento del episodio, titulado «La informalidad como precariedad compuesta», fue exactamente ese: la informalidad implica lagunas previsionales del 40-45% de los períodos, ausencia de seguro de salud privado con la consiguiente carga sobre el sistema público, y capacidad de ahorro cortada de raíz. La estadística cuenta como ocupado al que vende jugo en una esquina, pero ese trabajador no puede enfermarse y será una carga fiscal futura.

Pepe Arias puso el número que ordena la discusión: «la tasa de no pago que hay de cotizaciones laborales en la gente que está hoy día en el sistema es cercana al 40%».

El matiz de esa frase merece atención, porque no habla de los excluidos sino de los incluidos. No se refiere a quien nunca entró al sistema, sino a quien está en él y aun así no registra aporte en cerca de cuatro de cada diez períodos. Es decir: la afiliación formal no es garantía de densidad. Un trabajador puede tener cuenta, AFP y historial, y arrastrar una trayectoria llena de agujeros por rotación laboral, contratos cortos, tránsitos por el trabajo independiente o incumplimiento del empleador. La discusión pública tiende a plantear el problema como una frontera entre formales e informales; el dato del programa sugiere que la frontera atraviesa a los propios afiliados.

Relación con otros conceptos

La densidad de cotización es la variable de enlace entre el mercado laboral y el sistema de pensiones, y por eso hereda los problemas de ambos. Se explica en buena parte por la informalidad laboral y por la rotación en mercados de trabajo segmentados, donde coexisten un sector protegido con contratos estables y otro donde el empleo es intermitente por diseño; el análisis clásico de mercados duales de Harris y Todaro (1970) describió esa coexistencia para economías en desarrollo.

Aguas abajo, la densidad determina la tasa de reemplazo —la pensión como porcentaje del último salario— y, con ella, la magnitud del pilar solidario o no contributivo que el fisco debe financiar. Aquí opera un mecanismo poco intuitivo: mientras más generoso es el pilar no contributivo, menor es el incentivo marginal a cotizar para quienes tienen ingresos bajos e inestables, un problema de riesgo moral y de diseño de incentivos que la literatura de economía pública trata bajo la etiqueta de interacción entre pilares. También aparece la tasa de dependencia demográfica: el envejecimiento aumenta la cantidad de personas que llegan a la vejez con densidades bajas justo cuando la base de financiamiento se estrecha.

Por último, la baja densidad es una forma de subinversión en capital humano y financiero del hogar: el interés compuesto que no se acumula en la cuenta previsional es el mismo mecanismo que impide construir cualquier colchón de liquidez, lo que a su vez aumenta la probabilidad de volver a caer en la informalidad ante un shock. Ese círculo —informalidad que impide ahorrar, falta de ahorro que perpetúa la informalidad— es lo que convierte un problema de flujo en uno de trampa estructural.

Fuentes y lecturas

  • Barr, N. y Diamond, P. (2008), Reforming Pensions: Principles and Policy Choices, Oxford University Press.
  • Modigliani, F. y Brumberg, R. (1954), «Utility Analysis and the Consumption Function», en K. Kurihara (ed.), Post-Keynesian Economics, Rutgers University Press.
  • Harris, J. y Todaro, M. (1970), «Migration, Unemployment and Development: A Two-Sector Analysis», American Economic Review, 60(1).
  • Organización Internacional del Trabajo (2018), Women and Men in the Informal Economy: A Statistical Picture, 3.ª edición, OIT, Ginebra.
  • Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones (2015), Informe final («Comisión Bravo»), Santiago de Chile.

Apariciones