Teoría
Uso de la política económica con fines electorales
Visto en 2 apariciones de los programas.
Qué es
El uso de la política económica con fines electorales ocurre cuando los gobiernos ajustan el gasto público, los impuestos, las transferencias o la presión sobre la política monetaria según el calendario electoral, y no según las necesidades de la economía. El objetivo es que los votantes perciban una economía en buen estado justo cuando van a votar, aunque el costo se pague después.
La formulación clásica es el ciclo político-económico de William Nordhaus (1975). En su modelo, los votantes tienen memoria corta y evalúan sobre todo el desempeño reciente. Además, la economía tiene una curva de Phillips que permite reducir el desempleo a costa de más inflación, con la inflación reaccionando con rezago. Esa combinación le da al gobierno un incentivo para estimular la economía antes de la elección, cosechar un desempleo bajo en las urnas y dejar que la inflación aparezca después. El ajuste viene una vez pasada la elección. El resultado es un ciclo que sigue al calendario político. Décadas antes, Michał Kalecki (1943) ya había planteado que las decisiones de empleo y gasto tienen motivaciones políticas y no solo técnicas. Edward Tufte (1978) documentó empíricamente para Estados Unidos patrones de transferencias e ingreso disponible sincronizados con las elecciones.
La teoría evolucionó en dos direcciones:
- Enfoque partidista. Douglas Hibbs (1977) propuso que los partidos persiguen objetivos macroeconómicos distintos: unos priorizan el empleo y otros la estabilidad de precios. Por eso la política cambia según quién gobierne. Alberto Alesina (1987) incorporó expectativas racionales. Como el resultado electoral es incierto, los efectos reales de un cambio de gobierno aparecen sobre todo al inicio del mandato, antes de que los agentes ajusten sus expectativas.
- Ciclos presupuestarios con votantes racionales. Kenneth Rogoff y Anne Sibert (1988) y luego Rogoff (1990) mostraron que el ciclo puede existir aunque los votantes no sean ingenuos. Basta con que haya información asimétrica: el gobierno conoce mejor su propia competencia y usa el gasto visible preelectoral como señal. En este enfoque, el ciclo aparece menos en el producto o el desempleo y más en la composición del presupuesto. Suben las transferencias y las obras inauguradas, y se posterga la inversión menos visible.
La evidencia empírica posterior sugiere que los ciclos presupuestarios son más frecuentes y marcados en democracias nuevas, con instituciones fiscales débiles o con poca transparencia, y menos visibles en países con bancos centrales autónomos y reglas fiscales creíbles (Alesina, Roubini y Cohen, 1997; Drazen, 2000).
Una idea útil para el inversionista: no toda medida anunciada en temporada electoral es estructural. Parte de ella es estímulo transitorio, gasto que se revertirá o promesas que dependen de mayorías legislativas que quizás no existan después de la elección.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 13 de octubre de 2026 (btm-2026-10-13), en el tema "Elecciones de medio término en EE.UU.", el programa aplicó esta distinción a la coyuntura estadounidense. El argumento fue que hay que separar dos cosas en la agenda económica de Donald Trump. Por un lado, el efecto industrial de largo plazo de sus políticas. Por otro, lo que el panel llamó "artilugios electorales", es decir, medidas pensadas para el calendario de las elecciones de medio término más que para la economía.
Según se comentó, las encuestas y las casas de apuestas apuntaban a que el oficialismo perdería ambas cámaras del Congreso. Manuel Bengolea lo planteó así: "creo que es mucho mejor que pierda ambas cámaras". La lógica es que un presidente "pato cojo" (lame duck), sin control legislativo, tiene menos capacidad de usar la política fiscal con fines electorales. Eso reduce el ruido y la incertidumbre de política económica. Para quien analiza mercados, la lectura es tratar con escepticismo los impulsos preelectorales y concentrarse en lo que sobrevive a la elección.
Conviene notar que se trata de una evaluación del panel basada en sondeos y mercados de predicción al momento del episodio, no de un resultado electoral.
Relación con otros conceptos
El concepto se apoya directamente en la curva de Phillips y en el papel de las expectativas de inflación. Si los agentes anticipan el estímulo, su efecto real se diluye y queda sobre todo la inflación. Se relaciona también con la inconsistencia temporal de la política económica (Kydland y Prescott, 1977): un gobierno puede tener incentivos a desviarse de lo que prometió una vez que los agentes ya formaron sus expectativas.
La respuesta institucional más conocida es la independencia del banco central, que aísla la política monetaria del ciclo electoral. En Chile, la autonomía del Banco Central consagrada en 1989 es un ejemplo. La contraparte fiscal son las reglas fiscales, como la regla de balance estructural que Chile aplica desde 2001, que buscan limitar el gasto discrecional en años electorales.
El tema conecta además con la incertidumbre de política económica, que afecta las decisiones de inversión y las primas de riesgo, y con el gobierno dividido. Cuando Ejecutivo y Legislativo están en manos de partidos distintos, se reduce el margen para cambios de política discrecionales, lo que algunos mercados interpretan como mayor previsibilidad.
Fuentes y lecturas
- Nordhaus, W. (1975), "The Political Business Cycle", Review of Economic Studies, 42(2).
- Alesina, A., Roubini, N. y Cohen, G. (1997), Political Cycles and the Macroeconomy, MIT Press.
- Rogoff, K. (1990), "Equilibrium Political Budget Cycles", American Economic Review, 80(1).
- Drazen, A. (2000), Political Economy in Macroeconomics, Princeton University Press.
- Persson, T. y Tabellini, G. (2000), Political Economics: Explaining Economic Policy, MIT Press.