Teoría
Deflactor del gasto en consumo personal (PCE)
Visto en 4 apariciones de los programas.
Qué es
El deflactor del gasto en consumo personal —PCE, por Personal Consumption Expenditures— es el índice de precios de todo lo que consumen los hogares estadounidenses. Lo publica mensualmente la Oficina de Análisis Económico (BEA) junto con el dato de ingreso y gasto personal, y no nace de una encuesta de precios sino del sistema de cuentas nacionales: se obtiene dividiendo el gasto en consumo medido a precios corrientes por ese mismo gasto medido a precios constantes. Ese cociente es lo que en macro se llama un deflactor implícito: el índice no se construye primero para aplicarlo después, sino que aparece como residuo de haber estimado por separado el valor nominal y el volumen real (Mankiw, Macroeconomía; Blanchard, Macroeconomía).
Esa genealogía explica sus dos rasgos distintivos frente al IPC (CPI), su competidor obvio.
El primero es la fórmula. El IPC es un índice tipo Laspeyres: fija una canasta y la revalora período a período. El PCE usa un índice encadenado de Fisher —la media geométrica de un Laspeyres y un Paasche, el "índice ideal" que propuso Irving Fisher (1922)— cuyas ponderaciones se actualizan mes a mes. El resultado es que el PCE recoge la sustitución: si el café sube y el té no, el consumidor compra menos café, y el índice lo registra. El IPC, con canasta fija entre revisiones, no. Ese sesgo de sustitución fue el corazón del diagnóstico de la Comisión Boskin (Boskin et al., 1996), que estimó que el IPC estadounidense sobreestimaba el alza del costo de la vida en torno a 1,1 puntos porcentuales al año. En la práctica, el PCE mide en promedio algunas décimas menos de inflación que el IPC.
El segundo es el alcance. El IPC mide gasto de bolsillo de hogares urbanos; el PCE mide todo el consumo que se hace por cuenta de los hogares, incluida la salud pagada por empleadores, Medicare y Medicaid. Por eso la salud pesa mucho más en el PCE y la vivienda mucho menos —del orden de 15%, contra casi un tercio en el IPC—. Las ponderaciones también vienen de fuentes distintas: encuestas de gasto de hogares en el IPC, datos de ventas de empresas en el PCE. Y a diferencia del IPC, el PCE se revisa hacia atrás cuando llega mejor información, lo que lo hace más preciso pero menos definitivo el día de su publicación. La comparación metodológica canónica entre ambos es McCully, Moyer y Stewart (2007).
El PCE subyacente (core) excluye alimentos y energía, los dos componentes más volátiles y más expuestos a shocks de oferta. La idea de separar una inflación de tendencia del ruido de precios relativos viene del debate de los años setenta sobre los shocks petroleros, y en particular de Gordon (1975): responder con política monetaria a un salto del precio del crudo es responder a algo que la política monetaria no causó ni puede deshacer.
La Reserva Federal fija su meta de 2% sobre el PCE total a doce meses —así lo establece la declaración de objetivos de largo plazo del FOMC (2012, revisada en 2020)— y mira el subyacente como el mejor predictor de hacia dónde converge ese total. De ahí la frase que se repite en las mesas: el dato de inflación que importa para la Fed no es el IPC del que hablan los titulares, sino este.
Cómo lo explicó el programa
En el programa del 30 de julio de 2026, bajo el tema "PCE subyacente mejor que lo esperado y tasas que igual suben", Manuel Bengolea usó el dato como pieza de una prueba por descarte: "se esperaba que subiera 0,2 y fue 0,13". El indicador que la propia Fed declara como el más relevante salió mejor que el consenso, y aun así las tasas largas siguieron subiendo.
El razonamiento se apoya en la descomposición de una tasa nominal larga en tres partes: tasa real esperada, inflación esperada y prima por plazo o riesgo. Si el componente de inflación esperada acaba de recibir una sorpresa a la baja y el bono largo igual se desvaloriza, el alza de la tasa tiene que venir de otro lado. La lectura del programa fue explícita: se trata de prima de riesgo —compensación exigida por incertidumbre, en ese caso por falta de información— y no de expectativa de inflación.
El valor del PCE en ese argumento no está en su nivel sino en su función de variable de control: precisamente por ser la métrica oficial de la Fed, permite descartar el canal inflacionario y atribuir el residuo a la prima. (Nota de lectura: 0,13% y 0,2% son variaciones mensuales, no anuales.)
Relación con otros conceptos
El PCE convive con el IPC en una relación de complemento, no de sustituto: los contratos indexados, las pensiones y los reajustes suelen ir atados al IPC, mientras la política monetaria mira el PCE. Con el deflactor del PIB comparte la lógica de índice implícito, pero cubre solo consumo, no inversión, gasto público ni comercio exterior; en los manuales el deflactor del PIB se presenta como índice de Paasche frente al Laspeyres del IPC, aunque en la práctica estadounidense ambos deflactores de cuentas nacionales son hoy encadenados tipo Fisher.
Hacia la política monetaria, el PCE se conecta con la meta de inflación y el anclaje de expectativas: es la vara contra la cual se juzga si la Fed está cumpliendo. Hacia los mercados, se conecta con la ecuación de Fisher y con la prima por plazo, que es exactamente la descomposición que usó el programa; el breakeven de inflación implícito en los TIPS ofrece la lectura de mercado del mismo fenómeno, con la salvedad de que los TIPS se indexan al IPC y no al PCE, de modo que la comparación exige corregir por la brecha estructural entre ambos índices. Finalmente, la distinción entre inflación total y subyacente es la que permite leer la curva de Phillips sin confundir presión de demanda con shocks de oferta.
Fuentes y lecturas
- Fisher, I. (1922), The Making of Index Numbers, Houghton Mifflin.
- Gordon, R. J. (1975), "Alternative Responses of Policy to External Supply Shocks", Brookings Papers on Economic Activity, 1975(1).
- Boskin, M. J., Dulberger, E. R., Gordon, R. J., Griliches, Z. y Jorgenson, D. W. (1996), Toward a More Accurate Measure of the Cost of Living, informe final al Comité de Finanzas del Senado de EE.UU.
- McCully, C. P., Moyer, B. C. y Stewart, K. J. (2007), "Comparing the Consumer Price Index and the Personal Consumption Expenditures Price Index", Survey of Current Business, 87(11), Bureau of Economic Analysis.
- Mankiw, N. G., Macroeconomía, Antoni Bosch (capítulo sobre medición del costo de la vida y deflactores).