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Teoría

Aprendizaje del mercado ante shocks repetidos

Visto en 7 apariciones de los programas.

Qué es

El aprendizaje del mercado ante shocks repetidos describe una regularidad empírica incómoda para quien opera con titulares: cuando un mismo tipo de perturbación se repite —una escalada geopolítica en una ruta petrolera, una amenaza arancelaria, un default anunciado—, la reacción de los precios tiende a ser cada vez más pequeña y, sobre todo, cada vez menos volátil. No es que el shock deje de importar; es que su contenido de novedad se agota.

Detrás operan dos mecanismos distintos que conviene no confundir.

El primero es informativo. Los agentes revisan sus expectativas a la luz de lo ocurrido: si tres episodios anteriores terminaron en distensión, la probabilidad subjetiva que se le asigna al escenario catastrófico baja, y el precio —que es un promedio ponderado de escenarios— se mueve menos. La formalización clásica es la hipótesis de expectativas racionales de Muth (1961), donde los agentes no cometen errores sistemáticos porque usan toda la información disponible; la versión más realista, y más útil acá, es la literatura de aprendizaje adaptativo, que modela al agente como un econometrista que reestima su modelo con cada dato nuevo y converge lentamente hacia el equilibrio (Evans y Honkapohja, 2001). Esa convergencia gradual es exactamente lo que produce respuestas decrecientes: el cuarto shock aporta poca información que no estuviera ya en los tres anteriores.

El segundo mecanismo es real, físico, y suele ser el más potente. La demanda de energía es muy inelástica en el corto plazo —nadie cambia su flota de camiones en una semana— pero bastante más elástica a medida que pasa el tiempo, porque aparecen sustitutos, rutas alternativas e inventarios que se pueden liberar. Es el principio de Le Chatelier aplicado a la economía, que Samuelson (1947) formalizó: toda respuesta se vuelve más elástica cuando se relajan las restricciones que la ataban. Aplicado al petróleo, significa que el shock nominalmente idéntico ya no es el mismo shock, porque el sistema que golpea se reconfiguró entremedio.

Estadísticamente, esto se describe como un proceso con reversión a la media: un modelo autorregresivo con coeficiente menor que uno, donde la desviación de hoy corrige una fracción de sí misma en cada período en lugar de acumularse (Box y Jenkins, 1970). Y la caída de la varianza tiene su propio aparato: los modelos de volatilidad condicional muestran que la varianza no es constante sino que se agrupa y decae tras cada episodio (Engle, 1982).

La evidencia sectorial acompaña. Hamilton (2009) documenta cómo la elasticidad de la demanda de crudo cambia con el horizonte, y Kilian (2009) muestra que no todos los shocks petroleros son iguales: importa si el precio sube por oferta interrumpida, por demanda global o por demanda precautoria de inventarios. Blanchard y Galí (2010) llegan al resultado más directo para este concepto: los shocks petroleros de los años 2000 tuvieron efectos macroeconómicos mucho menores que los de los setenta, por menor intensidad energética, mercados laborales más flexibles y política monetaria más creíble. La economía había aprendido.

La advertencia obligada: el aprendizaje también falla. Extrapolar que "esta vez también se va a arreglar" es precisamente el sesgo que Reinhart y Rogoff (2009) documentan antes de cada crisis. La varianza decreciente es una descripción del pasado reciente, no una garantía sobre un quiebre de régimen genuino.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 4 de agosto de 2026, el tema fue justamente por qué cada nuevo susto petrolero mueve menos la aguja. Manuel Bengolea lo resumió en una frase que es literalmente el concepto: "cada vez la varianza, para decirlo en términos matemáticos, ha sido menor".

El desarrollo en el programa fue el de los dos mecanismos, sin nombrarlos así. Desde febrero se habían sucedido tres o cuatro rondas de escalada y distensión, y cada salto de precio resultó más contenido que el anterior. La razón, según el panel, está del lado de la demanda, que se reacomoda: se usan reservas, se compra en el mercado spot, se le compra al vecino, y Arabia Saudita saca crudo por oleoductos que evitan el punto de estrangulamiento. De ahí la observación más filosa del episodio: el mítico 20% de Ormuz era el 20% del 26 de febrero, no el de hoy. El titular se repite idéntico mientras el denominador se mueve.

El cierre fue explícitamente estadístico —un proceso autorregresivo que corrige sus propios errores— y con una moraleja operativa: nadie que gestione abastecimiento puede quedarse esperando a que se arregle la guerra. La adaptación no es un pronóstico, es lo que efectivamente hacen los compradores, y es esa conducta la que aplana la respuesta del precio.

Relación con otros conceptos

Se apoya directamente en las expectativas racionales y en su prima menos exigente, el aprendizaje adaptativo, y hereda de ellas la distinción entre lo anticipado y la sorpresa: solo la sorpresa mueve precios. Es inseparable de la elasticidad precio de corto versus largo plazo, que es el canal por el cual la adaptación física se traduce en menor sensibilidad. Conversa con la prima de riesgo geopolítico, que decae cuando los eventos se vuelven rutina, y con la reversión a la media y la volatilidad condicional, que son su descripción en el lenguaje de las series de tiempo. Del lado del mercado físico, se conecta con el rol de los inventarios como amortiguador y con la estructura de la curva de futuros, donde la escasez esperada aparece como backwardation. Su contracara conceptual es el quiebre de régimen: el momento en que el modelo aprendido deja de describir el mundo.

Fuentes y lecturas

  • Muth, J. F. (1961), Rational Expectations and the Theory of Price Movements, Econometrica 29(3).
  • Evans, G. y Honkapohja, S. (2001), Learning and Expectations in Macroeconomics, Princeton University Press.
  • Kilian, L. (2009), Not All Oil Price Shocks Are Alike: Disentangling Demand and Supply Shocks in the Crude Oil Market, American Economic Review 99(3).
  • Blanchard, O. y Galí, J. (2010), The Macroeconomic Effects of Oil Price Shocks: Why Are the 2000s So Different from the 1970s?, en Galí, J. y Gertler, M. (eds.), International Dimensions of Monetary Policy, University of Chicago Press.
  • Blanchard, O. (2017), Macroeconomía, Pearson — capítulos sobre expectativas, para el tratamiento estándar en español.

Apariciones