Teoría
Debate keynesiano versus monetarista
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Qué es
El debate keynesiano versus monetarista fue la gran disputa de la macroeconomía entre los años cincuenta y ochenta del siglo XX. La pregunta de fondo era sencilla y sigue abierta: ¿qué mueve la actividad económica en el corto plazo, y qué puede hacer el Estado al respecto?
La posición keynesiana viene de La teoría general del empleo, el interés y el dinero (Keynes, 1936). Su idea central es la demanda efectiva: las empresas producen y contratan según lo que esperan vender. Si el gasto total (consumo, inversión, gasto público y exportaciones netas) cae, la economía puede quedar atrapada mucho tiempo con desempleo involuntario, porque los salarios y los precios no se ajustan rápido ni de forma suficiente para restablecer el pleno empleo. De ahí sale un papel activo para la política fiscal. Cuando el sector privado deja de gastar, el Estado puede ocupar ese espacio, y cada peso de gasto público puede generar más de un peso de producto gracias al multiplicador. Hicks (1937) formalizó esta visión en el modelo IS-LM, que durante décadas fue el lenguaje común de los manuales.
La posición monetarista, cuyo exponente principal es Milton Friedman, le quitó protagonismo a la política fiscal y se lo dio al dinero. Sus tesis principales:
- La cantidad de dinero explica las grandes fluctuaciones del gasto nominal. En A Monetary History of the United States, 1867–1960, Friedman y Schwartz (1963) sostuvieron que la Gran Depresión se agravó porque la Reserva Federal dejó que la oferta monetaria se contrajera cerca de un tercio, y no porque el capitalismo fuera inestable por naturaleza.
- La velocidad del dinero es relativamente estable, más predecible que el multiplicador keynesiano. Esa fue la apuesta empírica de Friedman y Meiselman (1963), que dio pie a un intenso intercambio con los keynesianos.
- El gasto público desplaza al gasto privado (crowding out). Si el Estado se financia con deuda, compite con las empresas por el ahorro disponible, presiona la tasa de interés al alza y deja a la inversión privada con menos recursos. El efecto neto del estímulo fiscal sería entonces mucho menor de lo que promete el multiplicador.
- No existe un trade-off permanente entre inflación y desempleo. Friedman (1968), en su discurso presidencial ante la American Economic Association, introdujo la tasa natural de desempleo: la política expansiva puede bajar el desempleo un tiempo, pero cuando las expectativas se ajustan solo queda más inflación. Esto desarmó la lectura keynesiana ingenua de la curva de Phillips (Phillips, 1958).
- Mejor reglas que discreción. Como la política monetaria actúa con rezagos largos y variables, Friedman propuso un crecimiento constante del dinero en vez de "afinar" la economía trimestre a trimestre.
La estanflación de los setenta, con inflación y desempleo altos al mismo tiempo, inclinó la balanza hacia los monetaristas. El debate no terminó con un ganador limpio, sino con una síntesis. La macroeconomía actual acepta que las expectativas importan, que en el largo plazo la inflación es un fenómeno monetario y que los bancos centrales deben ser creíbles, todas herencias monetaristas. También acepta que precios y salarios son rígidos en el corto plazo y que la demanda agregada determina la producción en ese horizonte, lo que es herencia keynesiana. Las metas de inflación con una tasa de política monetaria, como las del Banco Central de Chile, son hijas de esa síntesis.
Cómo lo explicó el programa
El debate apareció sin nombrarse en Buenos Días Mercado del 1 de octubre de 2026 ([bdm-2026-10-01]), a propósito de los subsidios al empleo y el gasto público. Ese día se dieron dos argumentos que, mirados con lentes de manual, vienen de tradiciones distintas.
Por un lado, en el programa se planteó que el mayor gasto del Estado resta recursos al sector privado. Es el argumento del desplazamiento, una de las críticas centrales del monetarismo y de la tradición clásica a la expansión fiscal.
Por otro lado, Willy Díaz explicó así por qué los subsidios a la contratación no funcionan:
"Las empresas no contratan porque no están vendiendo."
Es, casi palabra por palabra, la lógica keynesiana de la demanda efectiva. El empleo es una demanda derivada: depende de las ventas esperadas, no del costo del trabajador por sí solo. Abaratar la contratación con un subsidio no cambia la decisión si lo que falta son clientes. A esto se sumó un argumento institucional: un subsidio temporal no cubre el pasivo indemnizatorio que queda cuando se termina, así que la empresa sigue cargando con un costo futuro que el beneficio de hoy no compensa.
Lo interesante es que el diagnóstico combina ambos lados del debate. Reconoce que el problema está en la demanda (keynesiano), pero desconfía de que el Estado pueda resolverlo gastando más (monetarista o clásico). Esa mezcla es típica de la discusión económica actual, que rara vez se alinea con una sola escuela.
Relación con otros conceptos
El debate se ordena alrededor del multiplicador fiscal: los keynesianos lo suponen grande en recesión y los monetaristas lo ven pequeño por el efecto desplazamiento. Se cruza con la curva de Phillips y la tasa natural de desempleo, donde el monetarismo introdujo las expectativas adaptativas, después llevadas a expectativas racionales por la nueva macroeconomía clásica. De ahí salió también la crítica de Lucas a la evaluación de políticas con modelos de parámetros fijos. Otra respuesta al estímulo fiscal es la equivalencia ricardiana: si los hogares anticipan los impuestos futuros que pagarán la deuda de hoy, ahorran en vez de gastar. En el plano operativo, el debate desembocó en la independencia del banco central, las metas de inflación y la discusión entre reglas y discreción. La idea de que el empleo depende de las ventas conecta con la demanda derivada de trabajo y con la teoría de la demanda agregada.
Fuentes y lecturas
- Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan. (Traducción al español: Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica.)
- Friedman, M. y Schwartz, A. J. (1963), A Monetary History of the United States, 1867–1960, Princeton University Press.
- Friedman, M. (1968), "The Role of Monetary Policy", American Economic Review, 58(1), 1–17.
- Snowdon, B. y Vane, H. R. (2005), Modern Macroeconomics: Its Origins, Development and Current State, Edward Elgar.
- Blanchard, O., Macroeconomía, Pearson (manual estándar; capítulos sobre IS-LM, la curva de Phillips y la tasa natural).