Teoría
Factores transitorios en los datos de actividad
Visto en 8 apariciones de los programas.
Qué es
Un dato de actividad —el Imacec, el PIB trimestral, la producción industrial— no es una lectura limpia del pulso de la economía. Es la suma de varias cosas que se mueven a velocidades distintas: una tendencia (la capacidad productiva, que crece lento), un ciclo (la posición respecto de esa capacidad), un componente estacional (marzo siempre se parece a marzo) y un residuo irregular, donde caben los golpes de una sola vez. Los factores transitorios son ese último grupo: efectos que empujan la cifra hacia arriba o hacia abajo en un período y desaparecen al siguiente, sin dejar huella en la trayectoria de fondo.
La lista es prosaica y por eso mismo se olvida. Efectos calendario: cuántos días hábiles trae el mes y dónde cayó Semana Santa —en 2024 el Domingo de Resurrección fue el 31 de marzo y en 2025 el 20 de abril, así que la comparación anual de marzo 2025 corría con viento a favor y la de abril, en contra. Efectos base: si el mes de comparación fue anormalmente malo, la variación de doce meses sale espectacular sin que haya pasado nada nuevo. Adelantamiento de compras (pull-forward): frente a un alza de aranceles o de impuestos anunciada, los agentes compran hoy lo que iban a comprar mañana, y el trimestre siguiente queda vacío. Paradas y reinicios: una faena minera detenida, un corte de energía, una sequía, una huelga portuaria. Acumulación de existencias, que entra al PIB por contabilidad aunque no haya demanda detrás.
La distinción entre lo permanente y lo transitorio es una de las columnas de la macroeconomía moderna, no un tecnicismo estadístico. Friedman (1957) la instaló en el consumo: los hogares gastan según su ingreso permanente y ahorran los aumentos que perciben como pasajeros, de modo que un shock transitorio se propaga mucho menos que uno permanente. Beveridge y Nelson (1981) le dieron forma operativa al separar toda serie con raíz unitaria en un componente permanente (una caminata aleatoria) y uno transitorio estacionario; Nelson y Plosser (1982) mostraron que buena parte de las series macro tienen más componente permanente del que suponía la vieja idea de fluctuaciones alrededor de una tendencia determinística. Blanchard y Quah (1989) llevaron esa misma lógica a la identificación de shocks: los de demanda no mueven el producto en el largo plazo, los de oferta sí.
De ahí sale la disciplina práctica. Los institutos de estadística publican series desestacionalizadas y corregidas por calendario (con X-13ARIMA-SEATS o STL, en la tradición de Cleveland et al., 1990) justamente para que el mes a mes sea comparable. Los bancos centrales miran medidas subyacentes —inflación sin volátiles, ventas sin autos, demanda interna final sin existencias— por la misma razón: no porque los rubros excluidos no cuenten, sino porque no informan sobre hacia dónde va la serie. Y ninguna de esas correcciones convierte un mes en tendencia: un dato es una observación con ruido, no un pronóstico.
La regla operativa, entonces, es sencilla de enunciar y difícil de sostener en público: antes de proyectar un dato hacia adelante hay que descontarle lo que ocurrió una sola vez. Un buen número con factores transitorios adentro no es un mal número; simplemente no es proyectable.
Cómo lo explicó el programa
El 2 de mayo de 2025, comentando un dato de actividad de 3,8%, el panel se negó a celebrarlo tal cual. La formulación fue casi literal de manual: "tengo la impresión que aquí hay efectos no permanentes" —panelista no identificado, [bdm-2025-05-02]—, con la advertencia de que al dato "hay que hacerle doble clic" porque no es proyectable hacia adelante.
El argumento no se quedó en la aritmética del mes. La cautela se apoyaba en que desde abril cambiaba el escenario: producción industrial china cayendo con intensidad, Estados Unidos con un primer trimestre de -0,3% y una probabilidad estimada en 65% de recesión ese año. Es un uso doble y bien traído del concepto: hacia adentro, para no extrapolar un buen dato local; hacia afuera, porque ese -0,3% norteamericano fue en buena medida lo contrario —una cifra peor que la economía subyacente, inflada a la baja por una avalancha de importaciones adelantándose a los aranceles, que la contabilidad nacional resta—. El mismo fenómeno, en las dos direcciones, en la misma conversación.
Relación con otros conceptos
Va pegado a la desestacionalización y al efecto base, que son las dos correcciones mecánicas que se aplican antes de interpretar. Es la contracara de la tendencia y de la brecha de actividad: sin separar lo transitorio, cualquier estimación de en qué punto del ciclo estamos queda contaminada. Con la inflación subyacente comparte la lógica exacta —excluir lo volátil para leer la señal—, y con la hipótesis del ingreso permanente comparte la raíz teórica. En cuentas nacionales, la variación de existencias y el adelantamiento de compras son sus manifestaciones más frecuentes. Y en política monetaria justifica la doctrina estándar de mirar a través (look through) de los shocks de una sola vez: se responde a lo que persiste, no a lo que ya pasó.
Fuentes y lecturas
- Friedman, M. (1957), A Theory of the Consumption Function, Princeton University Press / NBER.
- Beveridge, S. y Nelson, C. R. (1981), "A New Approach to Decomposition of Economic Time Series into Permanent and Transitory Components with Particular Attention to Measurement of the Business Cycle", Journal of Monetary Economics 7(2).
- Nelson, C. R. y Plosser, C. I. (1982), "Trends and Random Walks in Macroeconomic Time Series", Journal of Monetary Economics 10(2).
- Cleveland, R. B., Cleveland, W. S., McRae, J. E. y Terpenning, I. (1990), "STL: A Seasonal-Trend Decomposition Procedure Based on Loess", Journal of Official Statistics 6(1).
- Banco Central de Chile (2025), Informe de Política Monetaria, marzo 2025 —el tratamiento habitual de shocks transitorios en el diagnóstico de coyuntura chilena.