Teoría
Elección individual versus asignación por defecto
Visto en 11 apariciones de los programas.
Qué es
Toda decisión que un sistema delega en millones de personas admite dos arquitecturas. En la primera, cada individuo elige y el resultado agregado es la suma de esas elecciones. En la segunda, una regla asigna a cada persona una opción según un rasgo observable —la edad, el ingreso, la antigüedad— y la elección individual queda restringida o eliminada. El supuesto que sostiene la primera es el de la soberanía del consumidor: cada uno conoce sus preferencias mejor que un tercero, y por lo tanto ninguna autoridad puede mejorar su bienestar decidiendo por él. Ese supuesto es el que hace que los teoremas del bienestar tengan contenido normativo y no solo matemático.
La asignación por defecto solo domina a la elección libre cuando alguna de las condiciones de ese supuesto falla, y la teoría identifica tres fallas distintas que conviene no confundir. La primera es informacional: si una de las partes no puede evaluar la calidad de lo que elige, el mercado se degrada de un modo que ninguna cantidad de libertad formal corrige (Akerlof, 1970). La segunda es cognitiva y de inercia: Madrian y Shea (2001) mostraron, sobre planes 401(k) estadounidenses, que cambiar la opción por defecto de "no inscrito" a "inscrito con salida voluntaria" movía las tasas de participación decenas de puntos, sin alterar ni un peso los incentivos económicos. El mismo patrón aparece en decisiones tan alejadas del dinero como la donación de órganos (Johnson y Goldstein, 2003). La tercera es de externalidades: cuando muchos deciden lo mismo al mismo tiempo, la decisión individual deja de ser inocua para los demás.
De ahí surge la observación central de la arquitectura de decisiones: no existe la opción neutral. Todo sistema necesita una regla para quien no decide, y esa regla ya es una decisión tomada por otro. La pregunta relevante no es si habrá un defecto, sino cuál será y qué tan caro será salirse de él. Thaler y Sunstein (2003, 2008) llamaron paternalismo libertario a la combinación que preserva la salida: elegir bien el defecto y dejar la puerta abierta. La distinción entre un defecto reversible y una asignación obligatoria es económicamente decisiva —el primero conserva el valor de la opción para la minoría informada a costo casi nulo; la segunda compra uniformidad pagándolo con ese valor— y es exactamente el punto donde se juega la discusión chilena.
En materia previsional, además, la trayectoria de inversión decreciente en riesgo (el glide path) tiene una fundamentación anterior a la economía del comportamiento, y vale la pena tenerla clara porque no es la obvia. En el modelo canónico de selección de cartera de ciclo de vida con preferencias de aversión relativa al riesgo constante y retornos independientes, la proporción óptima en activos riesgosos es constante en el tiempo: no depende de la edad (Samuelson, 1969; Merton, 1969). Lo que introduce la pendiente es el capital humano. Bodie, Merton y Samuelson (1992) muestran que el ingreso laboral futuro de un trabajador joven se parece a un activo de renta fija de gran tamaño; para equilibrar la cartera total —financiera más humana—, la parte financiera de un joven debería inclinarse hacia la renta variable, y esa inclinación debe deshacerse a medida que el capital humano se agota. Ese es el argumento serio detrás de los fondos generacionales, y es independiente de si la gente entiende o no lo que elige.
Cómo lo explicó el programa
El 25 de agosto de 2026, Buenos Días Mercado dedicó dos bloques al reemplazo de los cinco multifondos A–E, vigentes desde 2002, por diez fondos generacionales asignados por edad a partir del 1 de abril del año siguiente, con el régimen de inversiones —el corazón técnico, el que fija los límites de cada fondo— en consulta pública desde el 3 de julio y publicación el 1 de septiembre. El programa presentó el cambio, con precisión, como la sustitución de un supuesto por una trayectoria: donde antes se asumía que cada afiliado era el mejor juez de su tolerancia al riesgo y podía cambiarse cuando quisiera, ahora hay un glide path predefinido.
Pepe Arias tomó el lado de la soberanía del consumidor sin adornos: "A mí no me gusta que me obliguen y que venga un señor que es más inteligente que yo a tomar decisiones por mí." Es la objeción liberal clásica, y su fuerza no está en negar que la gente se equivoque, sino en preguntar quién garantiza que el planificador se equivoque menos.
Willy Díaz contestó desde la otra tradición: "La principal falla de los mercados es la asimetría de información." Su argumento fue que la libertad de elegir fondo es real pero descansa en una condición que no se cumple —más del 70% de los trabajadores tiene solo cuarto medio y no está en posición de evaluar la relación riesgo-retorno—, y que la primera derivada de esa asimetría son los cambios masivos y desinformados empujados por supuestos gurús, que alteran la estructura de precios relativos y terminan cobrándole al propio afiliado. El punto más fino del bloque fue el de los costos de traslado: los fondos generacionales coartan libertad, pero al mover a cada cohorte etaria en bloque hacen que el ajuste de precios relativos ocurra una sola vez, en la transición, porque después las canastas quedan determinadas. Ese fenómeno está documentado para Chile: Da, Larrain, Sialm y Tessada (2018) miden cómo las recomendaciones de un asesor financiero masivo generaron reasignaciones coordinadas entre fondos con efectos medibles sobre los precios de los activos.
Relación con otros conceptos
El concepto se apoya directamente en asimetría de información y en su parentela —selección adversa, riesgo moral—, pero no se agota ahí: aun con información perfecta, el sesgo del statu quo y la inercia hacen que el defecto mande, y la sobrecarga de opciones puede empeorar la calidad de la decisión al aumentar la libertad nominal. Del lado financiero, se conecta con la hipótesis del ciclo de vida del ahorro, con la frontera eficiente y la noción de perfil de riesgo, y con los costos de transacción: un derecho a cambiarse que se ejerce de forma coordinada deja de ser gratuito para el resto y se convierte en una externalidad pecuniaria sobre los precios relativos. Finalmente, toca el problema de economía política de la regulación: quién fija el defecto, con qué información y sujeto a qué escrutinio, que es la pregunta que la posición de Arias deja abierta y ninguna teoría del nudge responde por sí sola.
Fuentes y lecturas
- Akerlof, G. (1970), The Market for "Lemons": Quality Uncertainty and the Market Mechanism, Quarterly Journal of Economics 84(3).
- Merton, R. (1969), Lifetime Portfolio Selection under Uncertainty: The Continuous-Time Case, Review of Economics and Statistics 51(3); y Samuelson, P. (1969), Lifetime Portfolio Selection by Dynamic Stochastic Programming, mismo número.
- Bodie, Z., Merton, R. y Samuelson, W. (1992), Labor Supply Flexibility and Portfolio Choice in a Life Cycle Model, Journal of Economic Dynamics and Control 16(3-4).
- Madrian, B. y Shea, D. (2001), The Power of Suggestion: Inertia in 401(k) Participation and Savings Behavior, Quarterly Journal of Economics 116(4).
- Thaler, R. y Sunstein, C. (2008), Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness, Yale University Press.
- Da, Z., Larrain, B., Sialm, C. y Tessada, J. (2018), Destabilizing Financial Advice: Evidence from Pension Fund Reallocations, Review of Financial Studies 31(10).