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Teoría

Composición sectorial del empleo

Visto en 10 apariciones de los programas.

Qué es

La composición sectorial del empleo es la distribución de los ocupados de una economía entre sus ramas de actividad —comercio, manufactura, construcción, enseñanza, salud, servicios financieros, agricultura, y así— medida en general como el porcentaje del empleo total que concentra cada rama. En Chile la fuente es la Encuesta Nacional de Empleo del INE, que clasifica a cada ocupado según la actividad económica del establecimiento donde trabaja, siguiendo la Clasificación Industrial Internacional Uniforme (CIIU) de Naciones Unidas.

Su importancia no es descriptiva sino aritmética. El empleo agregado no es un promedio simple de lo que hace cada sector: es un promedio ponderado, y las ponderaciones son precisamente las participaciones sectoriales. Si un sector representa una fracción s del empleo y crece a una tasa g, su aporte al crecimiento del empleo total es aproximadamente s × g. De ahí se sigue una conclusión que a menudo choca con la intuición: un sector chico creciendo con fuerza mueve la cifra agregada menos que un sector grande creciendo poco. Un rubro que ocupa al 7% de los trabajadores necesita expandirse casi tres veces más rápido que uno que ocupa al 20% para aportar lo mismo al titular del mes. Esta descomposición —cuánto del movimiento total viene del desempeño de cada rama y cuánto de su peso relativo— es lo que formaliza el análisis conocido como shift-share.

La composición también gobierna variables de más largo plazo. La productividad media de una economía es el promedio ponderado de las productividades sectoriales, así que puede subir sin que ningún sector mejore, solo porque los trabajadores se reasignan desde ramas de baja productividad hacia otras de alta. Ese desplazamiento sistemático —de la agricultura a la industria, y de la industria a los servicios a medida que sube el ingreso per cápita— fue documentado por Colin Clark (1940) y convertido en uno de los hechos estilizados del crecimiento moderno por Simon Kuznets (1966). Baumol (1967) agregó la otra cara: si el empleo migra hacia servicios donde la productividad crece lento por razones tecnológicas (una clase, una consulta médica), la economía carga con una "enfermedad de costos" que presiona precios relativos al alza. Y Rodrik (2016) mostró que las economías emergentes actuales alcanzan su máximo de empleo industrial con participaciones e ingresos per cápita muy inferiores a los de los países que se desarrollaron antes: la desindustrialización prematura, que hace que la manufactura ya no esté disponible como el motor de absorción de empleo que fue en el siglo XX.

Hay un matiz metodológico que conviene tener presente: dónde se traza el borde del sector cambia el número. "Industria" en sentido amplio incluye minería, electricidad y a veces construcción; "industria manufacturera" es más estrecha. Comparar cifras de fuentes distintas sin verificar la definición es una fuente clásica de confusión.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 3 de agosto de 2026 ([bdm-2026-08-03]), el panel usó exactamente esta lógica de ponderaciones para explicar por qué el dato de empleo salía bueno mientras la industria seguía plana. Willy Díaz lo resumió en una frase: "Casi el 20% del empleo está en un solo sector económico", refiriéndose al comercio.

El desglose que manejaron en el programa: la industria representa apenas entre 7% y 8% de la fuerza de trabajo, el comercio concentra cerca del 20%, la manufactura alrededor del 10% y la enseñanza un 8,6%. Con casi 40% del empleo repartido en tres sectores, la conclusión operativa fue directa: la activación del comercio alcanza para explicar el buen dato agregado aunque la industria no crezca. Es el promedio ponderado en acción, y también una advertencia sobre cómo leer titulares: la salud del empleo total puede ser rehén de un rubro que suele tener alta rotación, estacionalidad marcada y una proporción relevante de jornadas parciales.

El propio contraste entre "industria" (7% a 8%) y "manufactura" (cerca de 10%) que aparece en la conversación ilustra el matiz de definiciones mencionado más arriba: son cortes distintos del mismo universo, no cifras contradictorias.

Relación con otros conceptos

Se conecta directamente con el cambio estructural, que es la trayectoria de largo plazo de esta misma composición, y con la productividad laboral agregada, que la composición determina por construcción. Con la elasticidad empleo-producto y la ley de Okun la relación es de mediación: cuánto empleo genera un punto de crecimiento del PIB depende de qué sectores estén creciendo, porque cada rama tiene una intensidad de mano de obra distinta. Con el IMACEC sectorial es la contraparte laboral del mismo mapa: producto por rama versus ocupados por rama, y la brecha entre ambos es productividad. Con la informalidad laboral la vinculación es de calidad y no de cantidad, ya que las tasas de informalidad difieren fuertemente entre comercio, construcción y enseñanza, de modo que un mismo número de empleos creados puede significar cosas muy distintas según dónde se crearon. Finalmente, el desempleo por reasignación sectorial —la idea de que la dispersión del crecimiento entre ramas genera desempleo mientras los trabajadores se mueven de una a otra, planteada por Lilien (1982)— explica por qué un cambio de composición rápido puede convivir con empleo total estancado.

Fuentes y lecturas

  • Clark, C. (1940), The Conditions of Economic Progress, Macmillan.
  • Kuznets, S. (1966), Modern Economic Growth: Rate, Structure and Spread, Yale University Press.
  • Baumol, W. J. (1967), "Macroeconomics of Unbalanced Growth: The Anatomy of Urban Crisis", American Economic Review, 57(3).
  • Rodrik, D. (2016), "Premature Deindustrialization", Journal of Economic Growth, 21(1).
  • Instituto Nacional de Estadísticas (Chile), Encuesta Nacional de Empleo (ENE): documentación metodológica y boletines trimestrales, con el desglose de ocupados por rama de actividad según CIIU Rev. 4.

Apariciones