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Teoría

Divergencia del ingreso per cápita entre países

Visto en 14 apariciones de los programas.

Qué es

La divergencia del ingreso per cápita es un hecho —empírico antes que teórico— incómodo para la intuición: la brecha entre los países ricos y los pobres se ensanchó durante el último siglo y medio, en vez de cerrarse. Es lo contrario de lo que sugiere la lectura ingenua del modelo de crecimiento neoclásico.

Ese modelo (Solow, 1956; y en paralelo Swan, 1956) descansa en los rendimientos decrecientes del capital: la primera máquina en un país sin máquinas rinde muchísimo más que la máquina número mil en un país saturado de ellas. De ahí sale la predicción de convergencia. Dos países con la misma tasa de ahorro, la misma tecnología, la misma depreciación y el mismo crecimiento poblacional deberían terminar en el mismo nivel de ingreso, y el más pobre debería llegar más rápido, porque su capital escaso rinde más. El pobre alcanza al rico.

Los datos no muestran eso. Baumol (1986) encontró convergencia nítida, pero solo dentro de un club de países industrializados; De Long (1988) mostró que el resultado dependía de cómo se armó la muestra —se habían elegido países que hoy son ricos, es decir, exactamente los que convergieron—. Barro (1991) y Barro y Sala-i-Martin (1992) reformularon el hallazgo en lo que sigue siendo el consenso: existe convergencia condicional. Cada país converge a su propio estado estacionario, no a uno común, y lo hace cerrando alrededor de un 2% de la brecha por año. Si dos países difieren en instituciones, escolaridad, estabilidad macro y apertura, sus estados estacionarios difieren, y no hay razón alguna para que se junten.

Pritchett (1997) le puso nombre y magnitud al fenómeno en Divergence, Big Time: entre 1870 y 1990 la razón entre el país más rico y el más pobre se multiplicó aproximadamente por cinco. La divergencia no es una anomalía de algún período desafortunado; es el rasgo dominante de la historia económica moderna. Quah (1996) describió la forma que toma: la distribución mundial del ingreso no se aprieta en torno a una media, se parte en dos jorobas —un club rico y un club pobre— con muy poco tránsito entre ellas.

La maquinaria que produce esas brechas es la del interés compuesto, y es despiadada precisamente porque es invisible en el corto plazo. Un punto porcentual de diferencia en el crecimiento anual, sostenido cuarenta años, deja al país que crece más rápido con casi 50% más de ingreso; tres puntos lo dejan con más del triple. Nadie percibe un punto de diferencia en un año electoral; en una generación cambia el país.

Por qué difieren los estados estacionarios es la pregunta abierta. La respuesta con más tracción hoy es institucional: North (1990) y Acemoglu y Robinson (2012) sostienen que instituciones inclusivas —derechos de propiedad creíbles, competencia, límites al poder— generan los incentivos a invertir y a innovar, mientras que las extractivas los destruyen porque el excedente lo captura quien manda. Existe también una tradición que hace de la divergencia una predicción y no una falla del modelo: los modelos de crecimiento endógeno (Romer, 1986; Lucas, 1988) introducen rendimientos crecientes del conocimiento y del capital humano, y con rendimientos crecientes el rico puede crecer más rápido para siempre.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 23 de julio de 2026, Manuel Bengolea usó el caso que mejor ilustra la idea para un auditor chileno. En 1986, según el Banco Mundial, Chile tenía un ingreso per cápita de US$1.515 y Nicaragua uno de US$1.529: partían empatados y, si acaso, Nicaragua iba un pelo adelante. Cuarenta años después Chile está sobre los US$18.000 y Nicaragua bajo los US$3.000. El veredicto sobre Nicaragua fue doble —"es el peor de la región y el peor en el tiempo"—: no solo quedó último entre sus vecinos, sino último también respecto de sí mismo, medido contra su propia trayectoria de cuatro décadas. Dos países que arrancan iguales y terminan con una razón de seis a uno se separaron a razón de unos cuatro puntos y medio por año, todos los años, sin que ningún año en particular pareciera decisivo.

En el mismo episodio llevó el argumento a Cuba para separar la causa del síntoma: "Cuba era en la región, excluyendo Estados Unidos, el país más rico en ingreso per cápita". El punto es cronológico. La miseria cubana no empieza con el embargo, sino con la revolución de 1959; el embargo llega después, sobre un país que ya había cambiado de régimen económico. Hoy Cuba podría estar incluso peor que Nicaragua.

Dos precisiones de medición que no debilitan el argumento, pero que conviene tener a mano. El ordinal exacto de Cuba se discute: las series históricas del Maddison Project la ubican en los años cincuenta en el tramo alto de América Latina, aunque no siempre primera —Venezuela, Argentina y Uruguay aparecen arriba según la serie y el año—. Lo que no se discute es la dirección del movimiento, y para un argumento de divergencia la caída relativa pesa más que el puesto de partida. La segunda: las cifras del Banco Mundial citadas son dólares corrientes, no ajustadas por paridad de poder de compra. Medida en PPA, la brecha Chile-Nicaragua se comprime, pero sigue siendo de varias veces; cambia el número, no el orden de magnitud.

Relación con otros conceptos

La divergencia es la contracara empírica de la convergencia condicional: entender una exige entender la otra, porque lo que diverge no son las trayectorias hacia un destino común, sino los destinos mismos. Aguas arriba está la productividad total de factores, el residuo de Solow, que es donde termina alojada casi toda la diferencia de ingreso que el capital y el trabajo medidos no logran explicar, y donde entran a jugar el capital humano y la calidad de las instituciones. Aguas abajo está la trampa del ingreso medio, que es la pregunta de por qué algunos países convergen hasta cierto punto y ahí se estancan. Transversalmente, la divergencia es una aplicación del interés compuesto a escala de país, y su medición depende de la paridad de poder de compra: no es lo mismo comparar canastas que comparar tipos de cambio. Conviene no confundirla con la desigualdad dentro de un país —son fenómenos distintos, con causas y remedios distintos— ni con el ciclo económico: la divergencia se juega en niveles y tendencias de décadas, no en recesiones.

Fuentes y lecturas

  • Solow, R. M. (1956), A Contribution to the Theory of Economic Growth, Quarterly Journal of Economics 70(1). El modelo del que sale la predicción de convergencia.
  • Pritchett, L. (1997), Divergence, Big Time, Journal of Economic Perspectives 11(3). La referencia canónica sobre el hecho empírico; escrito para lectores no especialistas.
  • Barro, R. y Sala-i-Martin, X. (2004), Economic Growth (2ª ed.), MIT Press. El manual avanzado; los capítulos de convergencia β y σ son el estándar.
  • Acemoglu, D. y Robinson, J. (2012), Why Nations Fail, Crown Business. La explicación institucional en versión divulgativa; hay edición en español (Por qué fracasan los países, Deusto).
  • Mankiw, N. G., Macroeconomía, Antoni Bosch. Los capítulos de crecimiento económico, para reponer el modelo básico sin álgebra pesada.

Apariciones