Teoría
Descapitalización por consumo del patrimonio
Visto en 10 apariciones de los programas.
Qué es
La economía distingue entre un stock y el flujo que ese stock produce. El patrimonio es el stock: un acervo de activos que rinde ingresos a lo largo del tiempo. Fisher (1930) formalizó el vínculo entre ambos: el valor del capital es el valor presente del flujo de rentas que se espera de él. Hay descapitalización por consumo del patrimonio cuando el consumo corriente se financia liquidando el stock en vez de gastar el flujo que ese stock genera.
La vara para medirlo la fijó Hicks (1939): el ingreso de una persona es lo máximo que puede consumir en un período y quedar, al final, tan bien como estaba al principio. Todo lo que se consume por encima de esa cifra no es ingreso, es capital disfrazado de ingreso. La contabilidad nacional hace la misma distinción cuando descuenta la depreciación para pasar del producto bruto al neto: consumir sin reponer el desgaste del capital no es sostenible, aunque el año se vea bien.
Lo incómodo del fenómeno es que mientras dura se parece a la prosperidad. El consumo efectivamente sube, las cifras del período mejoran, y la caída solo aparece después, cuando el flujo desapareció junto con el activo. Por eso el criterio de Hicks funciona como test y no como descripción: obliga a preguntar de dónde salió la plata antes de celebrarla.
El caso de los recursos no renovables es un caso extremo y muy chileno. Un yacimiento de cobre no produce una renta perpetua: la libera a medida que se agota, de modo que cada peso de renta minera es, literalmente, patrimonio convertido en caja. Solow (1974) planteó el problema de equidad intergeneracional y Hartwick (1977) dio la regla operativa: para mantener el consumo constante en el tiempo hay que invertir íntegramente las rentas del recurso agotable en capital reproducible. Los fondos soberanos —el noruego, el FEES chileno— son la versión institucional de esa regla.
Ahora, la distinción que más se confunde en el debate público: recomponer la cartera no es descapitalizarse. Vender un activo para comprar otro, o para prepagar deuda, no reduce el patrimonio; cambia su forma. Esa decisión se resuelve con costo de oportunidad y riesgo comparables (Brealey, Myers y Allen): si un activo rinde 4,75% y la deuda que se podría extinguir cuesta 5,6%, prepagar es un retorno seguro y libre de impuestos superior al del activo. La descapitalización aparece recién en el destino final del dinero: cuando se reparte para gastar.
Y ahí entra Friedman (1957). Un hogar que se comporta según el ingreso permanente trataría una transferencia patrimonial como riqueza y consumiría apenas la anualidad que rinde, dejando el capital intacto. En la práctica, los hogares con restricción de liquidez consumen una fracción mucho mayor de una ventana en efectivo. El diseño importa: un mismo activo, entregado como cuota líquida o como cuenta de largo plazo, produce resultados patrimoniales opuestos. Chile tiene su propio experimento reciente en los retiros de fondos previsionales de 2020-2021, donde una porción sustantiva del stock previsional se convirtió en consumo corriente en pocos trimestres.
Cómo lo explicó el programa
El lunes 3 de agosto de 2026, en Buenos Días Mercado, el panel discutió una propuesta de repartir Codelco en cuentas individuales, y el análisis siguió exactamente la separación entre recomponer la cartera y consumir el capital. La pregunta bien planteada —reconoció el programa— es qué hacer con un activo mal administrado que rinde poco: 40 mil millones colocados en bonos del Tesoro a 4,8% rinden más que los 1.900 millones anuales que aporta Codelco (un 4,75% sobre el mismo valor), y pagar deuda a 4,5%-5,6% puede ser mejor idea todavía. Las tres alternativas son comparaciones de rendimiento ajustado por riesgo, y en las tres el patrimonio sigue existiendo.
El reparo del panel no fue sobre la aritmética, sino sobre lo que la propuesta deja sin definir: quién administra las cuentas individuales, cómo y a qué costo —un punto no menor, porque una comisión de administración se descuenta del mismo 4,75% que se está tratando de mejorar— y, sobre todo, cuál es el desenlace si las cuentas se liquidan. Ahí está el escenario que el programa marcó como el peor: gastarse la herencia y quedar sin el activo y sin la plata. Pepe Arias lo resumió en una frase que vale para todo rediseño patrimonial: "El diablo está siempre en los detalles".
Relación con otros conceptos
Se apoya en el costo de oportunidad del capital, que es lo que permite comparar tener el activo, cambiarlo por bonos o extinguir deuda sin confundir esas tres cosas con gastar. Es la contracara del ingreso permanente: quien consume por sobre su anualidad se está descapitalizando aunque no lo llame así. Se cruza con la depreciación y el producto neto en cuentas nacionales, y con el ahorro genuino que ajusta el ahorro nacional por el agotamiento de recursos naturales. En el plano de los recursos, es el mecanismo concreto detrás de la maldición de los recursos naturales y la razón de ser de los fondos soberanos y de las reglas fiscales estructurales. Por el lado del diseño institucional, toca las comisiones de administración y los problemas de agencia: quién custodia el activo determina cuánto del rendimiento sobrevive al trayecto.
Fuentes y lecturas
- Hicks, J. R. (1939), Value and Capital, Oxford: Clarendon Press — el capítulo XIV define ingreso como consumo máximo sostenible.
- Hartwick, J. M. (1977), "Intergenerational Equity and the Investing of Rents from Exhaustible Resources", American Economic Review 67(5).
- Solow, R. M. (1974), "Intergenerational Equity and Exhaustible Resources", Review of Economic Studies, Symposium on the Economics of Exhaustible Resources.
- Friedman, M. (1957), A Theory of the Consumption Function, Princeton University Press.
- Brealey, R., Myers, S. y Allen, F., Principios de Finanzas Corporativas, McGraw-Hill — costo de oportunidad del capital y decisiones de estructura financiera.
- Hamilton, K. y Clemens, M. (1999), "Genuine Savings Rates in Developing Countries", World Bank Economic Review 13(2).