Teoría
Sesgo ideológico en el análisis económico
Visto en 10 apariciones de los programas.
Qué es
Se llama sesgo ideológico a la deformación sistemática de un análisis económico cuando sus conclusiones quedan determinadas por los compromisos previos del analista —políticos, partidarios, de identidad o de pertenencia a un grupo— y no por los datos, el modelo y sus supuestos. No es lo mismo que discrepar en valores: dos economistas pueden coincidir en todo el diagnóstico y preferir políticas distintas porque ponderan de otro modo el desempleo y la inflación. Ese es un desacuerdo normativo legítimo y declarado. El sesgo aparece cuando lo normativo se disfraza de positivo: la conclusión política viene primero y el aparato técnico se recluta después para justificarla.
La distinción entre economía positiva (qué es, qué pasaría si) y economía normativa (qué debería hacerse) es el instrumento clásico para separar ambas cosas, y está en el capítulo introductorio de cualquier manual estándar. Friedman (1953) le dio su formulación metodológica más influyente: una teoría se juzga por el poder predictivo de sus implicancias, no por el atractivo de sus supuestos ni por las simpatías de quien la enuncia. Pero la frontera no se cuida sola. Schumpeter (1949), en su discurso presidencial ante la American Economic Association, admitió que todo economista parte de una visión preanalítica cargada ideológicamente —es inevitable, y es incluso el combustible de las buenas preguntas—, y que lo propio del método científico es ir corroyendo esa visión con evidencia y reglas públicas de contraste. Myrdal (1953) fue más lejos: como no existe un punto de vista neutral, la única salida honesta es declarar las premisas de valor por adelantado.
La economía del comportamiento explica por qué esa corrosión a veces no ocurre. El razonamiento motivado (Kunda, 1990) describe cómo la conclusión deseada opera como restricción del proceso de razonar: se le exige poca evidencia a lo que conviene y mucha a lo que incomoda. Bénabou y Tirole (2016) modelan las creencias como algo que se produce y se consume, porque creer determinadas cosas rinde utilidad —autoestima, pertenencia, coherencia con los propios— y por lo tanto la gente invierte en sostenerlas. Y el hallazgo más incómodo para la fe en la pericia: Kahan, Peters, Dawson y Slovic (2017) mostraron que las personas con mayor competencia numérica resuelven peor un problema cuantitativo cuando el resultado correcto contradice su identidad política. La destreza técnica no protege del sesgo; le entrega mejores herramientas. Un técnico bien formado que necesita llegar a una conclusión determinada es, por eso mismo, un abogado más eficaz de esa conclusión.
Hay además una capa que no es psicológica sino social. Kuran (1995) llamó falsificación de preferencias al fenómeno por el cual alguien declara en público algo distinto de lo que cree en privado, porque el costo reputacional de disentir con su propio grupo es demasiado alto. Ahí el análisis no está sesgado por autoengaño: está sesgado a sabiendas. La diferencia importa en la práctica, porque define qué sirve. Si el sesgo es de creencia, más y mejor información puede moverlo. Si es de incentivo, la información es irrelevante: el emisor ya sabe.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 29 de julio de 2026, bajo el tema "Ideología por sobre la evidencia técnica", el panel puso el dedo exactamente en esa distinción. La frase que quedó, de un panelista no identificado, resume el mecanismo completo: «mis números dicen uno más uno dos, pero mi ideología dice uno más uno cuatro». El número no se desconoce; se subordina.
El argumento fue que cuando técnicos con conocimiento acreditado sostienen algo incongruente con sus propios fundamentos básicos, lo que opera no es error sino miedo a su propia barra brava: actúan para su porcentaje político. De ahí el corolario práctico, y la parte más útil del análisis: esa discusión no se gana con calculadora ni con evidencia comparada. Llevar mejores datos a alguien cuyo problema no son los datos es responder una pregunta que nadie hizo. Es la lectura de incentivos de Kuran (1995) formulada en clave de política chilena.
El panel cerró con el costo institucional del fenómeno: el socialismo democrático perdió perfil negociador propio frente al PC y el Frente Amplio. Visto así, el sesgo ideológico no es solo un problema epistémico de a quién creerle; tiene precio en capacidad de negociación, porque un actor que ya no puede sostener en público una posición técnica propia deja de tener algo que ofrecer en una mesa.
Relación con otros conceptos
El concepto es la cara microfundada de la economía política: si los actores optimizan votos y no bienestar, la teoría del votante mediano (Downs, 1957) y la escuela de la elección pública explican por qué la conclusión "correcta" políticamente puede ser estable pese a ser mala técnicamente. En esa familia entran el ciclo político-económico de Nordhaus (1975) —estimular la economía en el año electoral aunque el costo llegue después— y la captura regulatoria de Stigler (1971), donde el análisis del regulador se alinea con el interés del regulado. Se conecta también con la credibilidad y la inconsistencia temporal (Kydland y Prescott, 1977): la independencia del banco central y las reglas fiscales son, en el fondo, diseños institucionales para aislar decisiones técnicas de este sesgo, no porque los políticos sean deshonestos, sino porque sus incentivos son otros. Y en el plano individual conecta con la identidad como argumento de la función de utilidad (Akerlof y Kranton, 2000): sostener la posición del grupo tiene un retorno propio, independiente de si es cierta.
Fuentes y lecturas
- Schumpeter, J. A. (1949), "Science and Ideology", American Economic Review, 39(2).
- Friedman, M. (1953), "The Methodology of Positive Economics", en Essays in Positive Economics, University of Chicago Press.
- Kuran, T. (1995), Private Truths, Public Lies: The Social Consequences of Preference Falsification, Harvard University Press.
- Kahan, D., Peters, E., Dawson, E. y Slovic, P. (2017), "Motivated Numeracy and Enlightened Self-Government", Behavioural Public Policy, 1(1).
- Mankiw, N. G. (2021), Principles of Economics, 9ª ed., Cengage Learning — cap. 2, "Thinking Like an Economist" (economía positiva vs. normativa; el economista como científico y como asesor de política). Hay traducción al español como Principios de economía.