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Teoría

Inercia del gasto público comprometido

Visto en 10 apariciones de los programas.

Qué es

La inercia del gasto público comprometido es la propiedad del presupuesto fiscal de que, en cualquier año dado, la mayor parte del gasto no está realmente en disputa: proviene de decisiones tomadas antes, muchas de ellas irreversibles dentro del horizonte anual. Remuneraciones del personal permanente, pensiones y transferencias fijadas por ley, subsidios con fórmula automática, servicio de la deuda, contratos plurianuales y concesiones, y el arrastre de obras de inversión ya iniciadas. Lo que la autoridad discute cada año —y lo que el Congreso vota— es, en rigor, el margen: la diferencia entre lo que el Estado ya está obligado a pagar y lo que puede gastar.

La distinción operativa es entre gasto rígido u obligatorio y gasto discrecional. La literatura clásica de presupuestación pública la formalizó como incrementalismo: Wildavsky (1964) mostró que el proceso presupuestario real no evalúa el gasto desde cero, sino que toma la ejecución del año anterior como base incuestionada y negocia únicamente el incremento. Es una aplicación directa de lo que Lindblom (1959) llamó "la ciencia de salir del paso": ante información limitada y conflicto político alto, los sistemas comparan alternativas cercanas al statu quo en vez de optimizar globalmente. Racionalidad limitada, no negligencia.

A esa base incremental se le suma un efecto de trinquete. Peacock y Wiseman (1961) documentaron el displacement effect: los shocks —guerras, crisis, emergencias— elevan el nivel de gasto y de tolerancia tributaria, y cuando el shock pasa el gasto no regresa a su nivel previo, sino que se institucionaliza en programas permanentes. Cada respuesta de emergencia deja sedimento. La economía política agrega una tercera capa: los beneficiarios de cada partida están concentrados y organizados, mientras el costo se dispersa entre todos los contribuyentes, de modo que la resistencia a recortar es siempre asimétrica. Alesina y Drazen (1991) modelaron esa asimetría como una guerra de desgaste que explica por qué los ajustes se posponen aun cuando todos coinciden en que son necesarios.

Las consecuencias son tres. Primero, la política fiscal contracíclica pierde potencia: si el 85% del gasto es intocable, estimular o ajustar exige mover el 15% restante con una fuerza desproporcionada. Segundo, el ajuste tiende a caer donde es políticamente más barato —la inversión pública, que no tiene una nómina defendiéndola— y esa es justamente la partida con mayor efecto sobre el crecimiento de largo plazo. Tercero, y menos obvio: toda la calidad del gasto se juega en el margen, porque es el único lugar donde hay decisión.

El punto que suele perderse es que la rigidez depende del horizonte. En un año la inercia es casi total; en cuatro u ocho años, prácticamente todo el presupuesto es una decisión —las leyes permanentes se pueden modificar, las plantas se pueden redimensionar, las fórmulas se pueden recalibrar—. Tratar una restricción de corto plazo como si fuera estructural es la manera más eficiente de nunca revisarla. Las reglas fiscales de segunda generación (en Chile, la regla de balance estructural formalizada en la Ley 20.128 de 2006 y supervisada desde 2019 por el Consejo Fiscal Autónomo) existen precisamente para forzar esa mirada plurianual sobre un proceso que naturalmente mira doce meses.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 10 de agosto de 2026 [btm-2026-08-10], al discutir el margen de maniobra fiscal, Pepe Arias partió por fijar la escala del problema: "el presupuesto del Estado de Chile son 90 mil millones de dólares".

Sobre esa cifra montó la analogía doméstica que ordena todo el tema: buena parte del presupuesto es costo fijo comprometido, igual que en un presupuesto familiar donde el dividendo y el colegio no se discuten a comienzos de mes. La conclusión que suele sacarse de ahí —"entonces no hay nada que hacer"— es la que el programa se dedicó a desarmar, y lo hizo con aritmética elemental: aunque el margen flexible sea apenas 10% o 15%, sobre US$90.000 millones un 10% son US$9.000 millones. Un porcentaje pequeño de un stock grande sigue siendo, en niveles, una de las decisiones de asignación más importantes que el país toma cada año.

Y es en ese margen, argumentó Arias, donde conviven dos problemas distintos que conviene no confundir: proyectos de evaluación social cuestionable —iniciativas que se financian sin haber acreditado rentabilidad social, o cuya evaluación se acomodó después de la decisión política— y problemas de productividad del sector público, es decir, entregar menos servicio por peso gastado sin que nadie haya decidido gastar mal. El primero es un problema de qué se elige financiar; el segundo, de cómo se ejecuta lo ya elegido. La inercia los protege a ambos por igual, porque una vez que una partida entra a la base, deja de estar en discusión.

Relación con otros conceptos

La inercia del gasto es la contracara operativa de la restricción presupuestaria intertemporal del fisco: si el gasto comprometido crece por encima de los ingresos permanentes, el ajuste no desaparece, solo se traslada en el tiempo vía deuda, y ahí se conecta con la sostenibilidad fiscal y con el crecimiento del gasto por sobre el PIB tendencial que las reglas de balance estructural intentan acotar. Explica también por qué los estabilizadores automáticos hacen buena parte del trabajo contracíclico: son los únicos componentes que se mueven sin requerir una decisión nueva. Del lado de la calidad del gasto, empalma con el costo de oportunidad y con la evaluación social de proyectos —el sistema de análisis costo-beneficio que rige la inversión pública—, y con la productividad total de factores aplicada al sector público. Finalmente, en economía política es un caso del problema del recurso común: cada actor internaliza el beneficio de su partida y externaliza el costo fiscal agregado.

Fuentes y lecturas

  • Wildavsky, Aaron (1964), The Politics of the Budgetary Process, Little, Brown & Co. El estudio fundacional del incrementalismo presupuestario.
  • Peacock, Alan y Wiseman, Jack (1961), The Growth of Public Expenditure in the United Kingdom, Princeton University Press / NBER. Origen del efecto desplazamiento (trinquete del gasto).
  • Alesina, Alberto y Drazen, Allan (1991), "Why Are Stabilizations Delayed?", American Economic Review, 81(5). Por qué el ajuste se posterga aun con diagnóstico compartido.
  • Stiglitz, Joseph E. y Rosengard, Jay K. (2015), Economics of the Public Sector, 4ª ed., W. W. Norton. Manual estándar de finanzas públicas; capítulos sobre proceso presupuestario y evaluación de gasto.
  • Dirección de Presupuestos de Chile (DIPRES), Informe de Finanzas Públicas (publicación trimestral) y Estadísticas de las Finanzas Públicas. La fuente primaria para separar gasto comprometido de gasto flexible en el caso chileno.

Apariciones