Teoría
Crecimiento tendencial de la economía
Visto en 12 apariciones de los programas.
Qué es
El crecimiento tendencial es la velocidad a la que una economía puede expandirse de manera sostenida en el mediano plazo, una vez descontado el vaivén del ciclo. No es lo que creció el país el año pasado ni lo que crecerá el próximo: es la trayectoria de fondo sobre la cual esos datos oscilan. Su determinante no es la demanda —cuánto se gasta— sino la capacidad de la oferta: cuánto capital hay instalado, cuánta gente trabaja y con qué eficiencia se combinan ambos.
El armazón teórico viene del modelo de Solow (1956), desarrollado en paralelo por Swan (1956). Su resultado incómodo es que acumular capital no alcanza: como el capital tiene rendimientos decrecientes, invertir más eleva el nivel del producto por trabajador pero no su tasa de crecimiento de largo plazo. Una economía que solo ahorra e invierte converge a un estado estacionario y ahí se queda. Lo único que sostiene el crecimiento del ingreso per cápita indefinidamente es el progreso técnico, que en el modelo original entra desde afuera, sin explicación. Solow (1957) propuso además la contabilidad del crecimiento, que descompone la expansión del producto en el aporte del capital, el del trabajo y un residuo —la productividad total de factores— que es, literalmente, lo que no supimos explicar. Romer (1990) endogenizó ese residuo: las ideas son no rivales, se usan sin gastarse, y por eso la inversión en investigación y capital humano puede sostener crecimiento sin toparse con rendimientos decrecientes.
En Chile la distinción tiene además un uso institucional preciso. El producto potencial es el nivel de actividad compatible con el uso normal de la capacidad instalada sin presiones inflacionarias, un concepto de corto plazo que le importa al Banco Central porque de él sale la brecha del producto. El PIB tendencial es un promedio de mediano plazo, limpio de shocks transitorios, y existe porque la regla de balance estructural lo necesita: los ingresos fiscales se calculan sobre la trayectoria tendencial, no sobre la recaudación efectiva del año, para que el gasto público no siga al ciclo. Desde 2002 un comité consultivo externo lo estima cada año. La cifra bajó de niveles sobre 4% a comienzos de siglo a valores en torno a 2% en los últimos años, y esa caída —no un dato mensual— es la noticia económica realmente grande de la década.
Conviene subrayar una limitación: la tendencia no se observa. Se estima, con filtros estadísticos o con una función de producción, y se revisa. Hodrick y Prescott (1997) popularizaron el filtro que lleva su nombre; Hamilton (2018) mostró que introduce dinámicas espurias y falla justo donde más se necesita, al final de la muestra, que es donde se toman las decisiones. Orphanides (2001), reconstruyendo la política monetaria estadounidense de los años setenta con los datos disponibles en su momento, mostró que buena parte de aquel desastre inflacionario se explica por haber creído que la brecha del producto era negativa cuando no lo era. La tendencia es un supuesto, y los errores en ese supuesto salen caros.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 30 de abril de 2025, al comentar la producción industrial de marzo del INE, el programa hizo el ejercicio que separa el dato del diagnóstico. Marzo se recuperó del desastre de febrero: minería y manufactura anotaron ambas +5,4% en doce meses y el comercio 7,6%. Tomás Flores lo resumió con la cautela del que suma sectores heterogéneos: "el sector minero, sumando y restando, 5,4%".
Ese "sumando y restando" es el punto pedagógico. Un rebote de 5,4% después de un mes malo no dice nada sobre la tendencia: es aritmética de base de comparación, la economía volviendo a la trayectoria de la que se había desviado. Lo mismo, al revés, ocurre con el único subsector en rojo, electricidad, gas y agua (−0,5%), un índice que —como notó el panel— casi no tiene varianza salvo cortes o eventos inusuales. Precisamente por eso es útil: una serie que vive pegada a su tendencia convierte cualquier desviación en información sobre un evento puntual —ahí, menor consumo eléctrico industrial (−0,9%)— y no sobre un cambio de régimen. Leer la tendencia exige el movimiento contrario al instinto: descontar el rebote espectacular y desconfiar de la caída chica en la serie tranquila.
Relación con otros conceptos
El crecimiento tendencial es la referencia contra la cual se mide la brecha del producto, y esa brecha es el insumo de la curva de Phillips: una economía creciendo sobre su tendencia genera presiones inflacionarias, una que crece por debajo las alivia. Por el lado real, la ley de Okun (1962) vincula esa brecha con el desempleo. Sus determinantes son la formación bruta de capital fijo, la participación laboral —incluida la migración— y la productividad total de factores, que en Chile es el componente estancado. Hacia la política económica se conecta con la regla de balance estructural, que lo usa como parámetro, y con la tasa de interés neutral, que tiende a moverse con el crecimiento tendencial: economías que crecen menos sostienen tasas de equilibrio más bajas. Y con la convergencia, la predicción de Solow de que los países pobres crecen más rápido mientras tienen capital escaso: cuando el crecimiento tendencial cae temprano, la convergencia se interrumpe.
Fuentes y lecturas
- Solow, R. (1956), A Contribution to the Theory of Economic Growth, The Quarterly Journal of Economics.
- Okun, A. (1962), Potential GNP: Its Measurement and Significance, Proceedings of the Business and Economic Statistics Section, American Statistical Association.
- Romer, P. (1990), Endogenous Technological Change, Journal of Political Economy.
- Hamilton, J. (2018), Why You Should Never Use the Hodrick-Prescott Filter, The Review of Economics and Statistics.
- De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson Educación.