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Teoría

Acumulación de cargas regulatorias sobre la empresa

Visto en 14 apariciones de los programas.

Qué es

Casi ninguna regulación se discute junto a las demás. El salario mínimo se debate en su propia mesa, la reducción de jornada en otra, la cotización previsional en una tercera, el permiso ambiental en una cuarta. Cada una se evalúa contra su propio objetivo y casi siempre lo justifica: hay externalidades reales que corregir, asimetrías de información que compensar, poder de negociación desigual que equilibrar. El problema es que la empresa no enfrenta las regulaciones de a una: enfrenta la suma. Eso es la acumulación de cargas regulatorias — el hecho de que el costo relevante para decidir contratar, invertir o cerrar sea el agregado, mientras que el proceso político solo delibera sobre el margen.

Tres mecanismos explican por qué la suma pesa más que sus partes.

Primero, la incidencia. Quien firma el cheque no siempre paga el costo. Summers (1989) mostró que un beneficio obligatorio (una cotización, un seguro, un día libre) funciona como un impuesto al trabajo cuyo peso se traslada al salario si el trabajador valora el beneficio en lo que cuesta y si el salario puede bajar para absorberlo. Cuando el salario ya está en el piso legal, esa válvula está cerrada por definición: el ajuste no puede ocurrir por precio, así que ocurre por cantidad — menos horas, menos contrataciones, más informalidad — o por margen de la empresa. Apilar cargas justo sobre el segmento que opera al salario mínimo es apilarlas donde la traslación es imposible.

Segundo, el costo de cumplir es en gran medida fijo. Entender una norma, adaptar un sistema, contratar al asesor y llenar el formulario cuesta parecido para una empresa de siete trabajadores que para una de setecientos. Dividido por trabajador, el mismo requisito es varias veces más caro para la empresa chica: la carga regulatoria es regresiva en tamaño. Y cuando la norma depende explícitamente del tamaño, aparece una frontera que conviene no cruzar: Garicano, Lelarge y Van Reenen (2016) documentaron en Francia cómo las firmas se amontonan justo bajo el umbral de 50 empleados, un costo que no aparece en ninguna planilla pero se ve en la distribución de productividad de todo el país. Djankov, La Porta, López-de-Silanes y Shleifer (2002) encontraron el patrón equivalente en la entrada: más trámites para abrir no producen mejores empresas, producen más informalidad — el argumento que Hernando de Soto (1986) había levantado desde el Perú.

Tercero, la irreversibilidad. Un proyecto de inversión grande es un gasto hundido frente a un permiso incierto. Dixit y Pindyck (1994) formalizaron por qué, ante incertidumbre y costos irreversibles, esperar tiene valor: no se necesita que el permiso se niegue para que la inversión no ocurra, basta con que nadie pueda decir cuándo se resuelve. La demora regulatoria no es una molestia administrativa, es un impuesto al capital paciente.

Sobre todo esto opera una asimetría política que Bastiat describió en 1850 y Olson (1965) explicó: los costos son difusos y recaen sobre gente que no está identificada — el empleo que no se creó, la empresa que no se abrió — mientras los beneficios son concentrados y tienen quién los defienda. Nadie organiza al trabajador que nunca fue contratado.

Cómo lo explicó el programa

El 30 de abril de 2025, discutiendo la petición de la CUT de un 12% de reajuste al salario mínimo, Manuel Bengolea puso el ancla teórica: "los aumentos reales tienen que ver con los aumentos en productividad". Con inflación de 4%, un 12% nominal es 12% real, contra una serie histórica chilena de salarios reales que se mueve entre 1,5% y 2% anual y una productividad que no muestra cifras positivas desde 2016. El resto del análisis fue precisamente la acumulación: la cuenta la pagan las pymes —seis o siete trabajadores promedio, varios en el mínimo— que explican el 70% del empleo y que todavía están absorbiendo el alza anterior (la que obligó al gobierno a subsidiarlas), las 40 horas y la cotización adicional de la reforma de pensiones. Cada medida se aprobó sola; llegan juntas al mismo balance. La lectura política que agregó — la CUT sube la apuesta ahora que ve venir un cambio de gobierno — es la otra cara de Olson: el momento de pedir lo fija el cálculo del grupo organizado, no la capacidad de pago del grupo que paga.

El 15 de mayo, sobre quién paga el bloqueo de proyectos, Willy Díaz trajo la asimetría de Bastiat en una frase: "el que no tiene empleo no tiene nada que celebrar". Su punto no era contra la exigencia ambiental —reconoció que el nivel de ingeniería y de cuidado de estos proyectos es enorme— sino contra su extremo: una línea de transmisión detenida por unos naranjillos sin trasladar, Dominga con todas sus mitigaciones presentadas. Quienes celebran ese resultado, observó, son los que tienen empleo; a quien no lo tiene se le ofrece a cambio subsidio y clientelismo que lo mantienen cautivo. Es la incidencia otra vez, desplazada del balance de la empresa al mercado laboral.

Relación con otros conceptos

Es el reverso de la productividad como fuente única de salarios reales sostenibles, y se emparenta con la incidencia tributaria (quién paga de verdad un impuesto no depende de quién lo entera). Explica una parte de la informalidad y de la mala asignación de recursos: si el costo de ser formal y grande crece con el tamaño, el capital y el trabajo se quedan en firmas más chicas de lo eficiente. Conecta con la captura regulatoria de Stigler (1971) —la norma que encarece la entrada protege al que ya está adentro— y con el costo de oportunidad, que es lo que hace invisible al desempleado en el conteo político.

Fuentes y lecturas

  • Summers, L. (1989), "Some Simple Economics of Mandated Benefits", American Economic Review 79(2).
  • Djankov, S., La Porta, R., López-de-Silanes, F. y Shleifer, A. (2002), "The Regulation of Entry", Quarterly Journal of Economics 117(1).
  • Garicano, L., Lelarge, C. y Van Reenen, J. (2016), "Firm Size Distortions and the Productivity Distribution: Evidence from France", American Economic Review 106(11).
  • Dixit, A. y Pindyck, R. (1994), Investment under Uncertainty, Princeton University Press.
  • Blanchard, O., Macroeconomía, Pearson (capítulos de mercado del trabajo y productividad, para el vínculo salario real–productividad).

Apariciones