MercadistasMercadistasEntrar con GoogleApoyar el sitioApoyar

Teoría

Rezagos de la política económica

Visto en 20 apariciones de los programas.

Qué es

Los rezagos de la política económica son el tiempo que transcurre entre que aparece un problema —una recesión, un brote inflacionario, un desequilibrio fiscal— y que la respuesta de política termina de surtir efecto sobre la actividad, el empleo y los precios. No es un retraso único, sino una cadena de retrasos que se suman.

La descomposición estándar, formalizada en el debate de los años sesenta sobre políticas de estabilización (Kareken y Solow, 1963), separa dos bloques. El rezago interno corre dentro de la autoridad y tiene tres tramos: el de reconocimiento (las cuentas nacionales llegan con un trimestre de atraso y después se revisan, así que la autoridad sabe tarde y con ruido dónde está parada), el de decisión (deliberar, votar, tramitar) y el de implementación (ejecutar el gasto, licitar la obra, girar la transferencia). El rezago externo corre en la economía: es el tiempo que demora el instrumento ya aplicado en propagarse por el crédito, el tipo de cambio, los precios de los activos y las expectativas hasta mover la demanda agregada (Mishkin, 1995).

La observación que le dio densidad teórica al asunto es de Milton Friedman, que midió empíricamente el desfase de la política monetaria en Estados Unidos y concluyó que era largo y variable (Friedman, 1961). Lo segundo importa más que lo primero: si el rezago fuera largo pero estable, bastaría con anticiparse. Al ser variable, la autoridad no sabe cuándo llegará el efecto de lo que hace hoy. De ahí el argumento de Friedman (1968) contra el ajuste fino: una política activista bien intencionada puede llegar cuando el ciclo ya se dio vuelta y terminar amplificando la fluctuación que pretendía suavizar. Es el mismo razonamiento que después empujó hacia reglas y marcos de mediano plazo antes que discreción caso a caso.

Los órdenes de magnitud son incómodos para el debate público. Los bancos centrales suelen trabajar con un horizonte de transmisión de la tasa de política monetaria de entre cuatro y ocho trimestres; el Banco Central de Chile razona su política sobre un horizonte de política de dos años precisamente por eso. En el frente fiscal la asimetría se invierte: el rezago interno es más largo (hay que legislar y ejecutar presupuesto), pero el rezago externo es más corto, porque el gasto público es demanda de forma directa. Los estabilizadores automáticos —impuestos que caen solos cuando cae el ingreso, seguro de cesantía que se activa sin trámite— existen justamente para saltarse el rezago interno.

A los rezagos se les suma una segunda restricción, distinta pero fácil de confundir con ellos: las condiciones iniciales que hereda quien asume. La deuda pública, el gasto ya comprometido por ley, la deuda flotante (obligaciones devengadas y no pagadas) y los compromisos no registrados no son un rezago —no se disuelven con el tiempo—, sino una reducción del espacio fiscal, entendido como el margen para gastar sin comprometer la sostenibilidad de la deuda (Ostry et al., 2010). El efecto práctico se parece: la nueva administración manda sobre el flujo pequeño que aún no está comprometido, no sobre el stock.

De la combinación de ambas cosas sale la conclusión más relevante para la discusión política: lo que se observa en el año uno de un gobierno es, en buena parte, el efecto rezagado de las decisiones del anterior. La atribución de resultados a autores es, en macroeconomía, un problema serio.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 3 de agosto de 2026, en el tema "Los rezagos de la política económica y la herencia fiscal recibida", el panel discutió por qué es imposible juzgar a un gobierno con menos de seis meses de ejercicio: la economía responde con lentitud a los ajustes, y el desequilibrio acumulado —deuda, exceso de gasto, facturas impagas y gastos no registrados— le resta grados de libertad a quien recibe la administración.

Willy Díaz lo resumió en una imagen: "Se mueve como un destructor a remo". La figura es buena porque junta las dos ideas en un mismo objeto. El destructor es la masa: una economía con inercia, con contratos, precios y gasto ya comprometidos, que no cambia de rumbo porque alguien gire el timón. El remo es el instrumento: la potencia disponible del piloto nuevo es ridículamente pequeña frente a lo que tiene que mover. Ninguna de las dos cosas es un error de conducción; son la restricción física dentro de la cual se conduce.

Relación con otros conceptos

Los rezagos son el argumento fundacional del debate reglas versus discreción, que Kydland y Prescott (1977) reforzaron después por otra vía —la inconsistencia temporal—: si el efecto de lo que hago hoy aparece recién en dos años, comprometerse creíblemente vale más que reaccionar. Por lo mismo, los rezagos explican la importancia del mecanismo de transmisión monetaria y de las expectativas: si el efecto tarda, lo único que actúa rápido es lo que la gente cree que va a pasar. En el plano fiscal conectan con los estabilizadores automáticos (diseñados para eliminar el rezago interno), con el espacio fiscal y con las reglas de balance estructural —el marco chileno desde 2001—, que existen para que el desequilibrio acumulado no llegue a ser la restricción dominante del gobierno siguiente. También iluminan el ciclo político-económico (Nordhaus, 1975): un mandato dura menos que la cadena de rezagos, lo que crea incentivos para estimular en el corto plazo y dejar el costo fuera del período.

Fuentes y lecturas

  • Friedman, M. (1961), The Lag in Effect of Monetary Policy, Journal of Political Economy 69(5).
  • Friedman, M. (1968), The Role of Monetary Policy, American Economic Review 58(1).
  • Kareken, J. y Solow, R. (1963), Lags in Monetary Policy, en Commission on Money and Credit, Stabilization Policies, Prentice-Hall.
  • Mishkin, F. (1995), Symposium on the Monetary Transmission Mechanism, Journal of Economic Perspectives 9(4).
  • Blanchard, O., Macroeconomía, Pearson (capítulos de política monetaria y fiscal); alternativa equivalente: Mankiw, N. G., Macroeconomía, Antoni Bosch, capítulo sobre política de estabilización.

Apariciones