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Teoría

Sorpresa macroeconómica frente a lo esperado

Visto en 22 apariciones de los programas.

Qué es

Una sorpresa macroeconómica es la diferencia entre el dato que se publica y el dato que el mercado esperaba: sorpresa = efectivo − esperado. Suena trivial, pero de ahí sale la regla que ordena buena parte de la lectura diaria de los mercados: el nivel del dato no mueve los precios; los mueve la desviación respecto de lo anticipado. Un IPC de 0,2% puede ser una excelente noticia o una pésima, según lo que estuviera descontado.

La base teórica tiene dos patas. La primera son las expectativas racionales, formalizadas por Muth (1961): los agentes usan toda la información disponible al formar su pronóstico, así que el componente previsible de un anuncio ya está incorporado en las decisiones tomadas antes de conocerlo. La segunda es la eficiencia informacional de los mercados (Fama, 1970), con su corolario: si el precio de hoy ya refleja lo que se sabe, solo la novedad genuina —la parte impronosticable— puede moverlo. Samuelson (1965) lo había demostrado formalmente: precios correctamente anticipados fluctúan de manera aleatoria. Lucas (1972) llevó la idea al plano real y estableció el resultado más fuerte de la familia: solo el dinero no anticipado tiene efectos sobre la actividad; una expansión monetaria que todos vieron venir termina solo en precios.

La consecuencia práctica es que trabajar con sorpresas exige tener una medida del "esperado", y esa medida es un dato tan construido como el otro. Se toma del consenso de encuestas a analistas (Bloomberg, Reuters), de precios de mercado —Kuttner (2001) mostró que los futuros de fondos federales permiten separar limpiamente la parte anticipada de la parte sorpresiva de una decisión de la Fed, y que solo la segunda mueve las tasas— o de las encuestas del propio banco central: en Chile, la Encuesta de Expectativas Económicas y la Encuesta de Operadores Financieros. Como cada indicador tiene su propia volatilidad típica, las sorpresas suelen estandarizarse dividiéndolas por la desviación estándar histórica; así una décima de IPC y medio punto de PIB pasan a ser comparables, que es la lógica detrás de los índices agregados de sorpresa económica.

La evidencia empírica es contundente en cuanto a velocidad. Andersen, Bollerslev, Diebold y Vega (2003), midiendo el mercado cambiario minuto a minuto alrededor de los anuncios, encontraron que el ajuste ocurre en cuestión de minutos y que la reacción es asimétrica: las malas noticias pesan más que las buenas de igual magnitud.

Tres advertencias que evitan errores de lectura. El signo del efecto no es mecánico: depende de la función de reacción del banco central. Un dato de actividad mejor a lo esperado favorece a las acciones, pero puede castigar a los bonos si implica menos recortes de tasa por delante. La magnitud depende de cuánta información nueva aporta el dato sobre el futuro: una sorpresa cuyo motor es transitorio casi no debería mover expectativas. Y una sorpresa grande en el dato del mes puede ser irrelevante para la variable que efectivamente le importa a la autoridad, que suele ser la trayectoria a doce o veinticuatro meses.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 30 de abril de 2025, con el tema "Contracción industrial china, PIB de EE.UU. y precio del cobre", el programa mostró el caso de manual: tres sorpresas negativas el mismo día. La actividad industrial china se contrajo inesperadamente, el PIB estadounidense del primer trimestre cayó 0,3% cuando se esperaba −0,2% y la inflación trimestral llegó a 3,5% frente a 3,1% previsto. El cobre —insumo directo de esa actividad industrial— cerró en US$4,62 tras transarse bajo US$4,50, y el petróleo cayó casi 4%. Manuel Bengolea puso el acento en la velocidad: "no se hizo esperar el impacto en el precio del cobre". Eso es exactamente lo que documentan los estudios de eventos: el ajuste no espera al análisis, ocurre con el anuncio.

Dos días después, en Buenos Días Mercado del 2 de mayo, Tomás Flores usó el vocabulario preciso al comentar el IMACEC de marzo: "el resultado se ubicó en la zona alta, muy alta, del intervalo de proyección: 3,8%". La sorpresa no se mide contra un número sino contra una distribución. Y el desglose es lo que la convierte en información útil: lideró el comercio con 8,6% —un cuarto del crecimiento, con posible resabio de compras de argentinos—, seguido de minería 4,3% aprovechando que el cobre aún no tenía arancel, industria 6,1% y servicios 2,7%. Un dato alto empujado por un componente probablemente transitorio dice mucho menos sobre el futuro que uno de igual magnitud sostenido por demanda interna.

El 9 de mayo el programa mostró el reverso. El IPC de abril anotó 0,2% cuando se esperaba 0,6%: una sorpresa enorme a la baja que, aun así, no cambió nada. Willy Díaz fue tajante: "el Banco Central ni siquiera se ha inmutado por esto, no ha dado ninguna señal en ese sentido, al contrario, ha sido más cauteloso". Con 4,5% en doce meses, la inflación seguía alta, y —agregó, desde la lectura monetarista— el fenómeno está ligado a la cantidad de dinero en la economía, no a la lectura de un mes. La sorpresa fue en el dato mensual; en la variable relevante para la decisión, no la hubo.

Y el 13 de mayo, con el primer IPC estadounidense que debía contener el efecto de los aranceles, Manuel Correa resumió el registro: "se esperaba que fuese 0,3%, ambos fueron 0,2%", tanto el titular como el que excluye energía y combustibles. Ahí la sorpresa importó por lo que no mostró: Powell había condicionado su próximo movimiento a ver inflación de aranceles, y sin esa señal la Fed se queda quieta. El programa marcó además la diferencia institucional que explica reacciones distintas ante datos parecidos: la Fed decide mirando inflación y empleo; el Banco Central de Chile, con mandato centrado en la inflación.

Relación con otros conceptos

La sorpresa macroeconómica es la contracara operativa de las expectativas racionales y de la hipótesis de mercados eficientes. Se apoya en la función de reacción del banco central —una regla de Taylor implícita— para traducir un dato en un movimiento de tasas esperadas, y por eso convive con la forward guidance y con la credibilidad monetaria: cuanto mejor comunicada está la autoridad, menor es la parte sorpresiva de sus decisiones. En la curva de Phillips aumentada por expectativas es justamente la inflación no anticipada la que tiene efectos reales. Para interpretar una sorpresa hay que distinguir componentes transitorios de permanentes, y en indicadores mensuales como el IMACEC entra en juego el nowcasting. Del lado chileno, la cadena termina en los términos de intercambio: una sorpresa de actividad en China es, para esta economía, un shock al precio del cobre.

Fuentes y lecturas

  • Muth, J. (1961), Rational Expectations and the Theory of Price Movements, Econometrica.
  • Lucas, R. (1972), Expectations and the Neutrality of Money, Journal of Economic Theory.
  • Kuttner, K. (2001), Monetary Policy Surprises and Interest Rates: Evidence from the Fed Funds Futures Market, Journal of Monetary Economics.
  • Andersen, T., Bollerslev, T., Diebold, F. y Vega, C. (2003), Micro Effects of Macro Announcements: Real-Time Price Discovery in Foreign Exchange, American Economic Review.
  • De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson Educación.

Apariciones