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Teoría

Economía pequeña y abierta

Visto en 43 apariciones de los programas.

Qué es

Una economía pequeña y abierta es aquella que participa del comercio y de los mercados financieros internacionales, pero es demasiado chica para influir en los precios que ahí se forman. "Pequeña" no es un juicio sobre el tamaño del país: es un supuesto técnico sobre su poder de mercado. Chile pesa menos de medio punto porcentual del PIB mundial y una fracción marginal del mercado global de bonos; nada de lo que ocurra en su mercado de capitales mueve la tasa de interés mundial. "Abierta" significa que bienes y capitales cruzan la frontera con costos bajos.

De esos dos supuestos se desprende el resultado central del modelo: la economía es tomadora de precios, y en particular tomadora de la tasa de interés internacional. Con movilidad perfecta de capitales, si la tasa local fuera sistemáticamente superior a la externa (ajustada por riesgo y por expectativa de depreciación), entraría capital hasta arbitrar la diferencia. La condición de equilibrio es la paridad descubierta de tasas: la tasa doméstica equivale a la tasa externa más la depreciación esperada de la moneda más una prima de riesgo país. La tasa externa no es un dato entre otros: es el piso sobre el que se construye toda la curva local.

El armazón formal es el modelo Mundell–Fleming, desarrollado en paralelo por Robert Mundell (1963) y Marcus Fleming (1962), que extiende el IS-LM a una economía abierta con movilidad de capitales. Su corolario más citado es el trilema de la política económica: tipo de cambio fijo, libre movilidad de capitales y política monetaria autónoma son tres objetivos de los cuales solo se pueden sostener dos. Chile eligió explícitamente la combinación "flotación cambiaria más cuenta de capitales abierta", y paga por ello con un tipo de cambio volátil que actúa como amortiguador de los shocks externos. Dornbusch (1976) mostró además por qué ese ajuste es abrupto: si los precios de los bienes son rígidos y los activos financieros se ajustan al instante, el tipo de cambio sobrerreacciona en el corto plazo respecto de su nivel de largo plazo.

Un matiz importante para el caso chileno: la condición de "pequeña" se cumple con nitidez en los mercados financieros, pero no de manera absoluta en el mercado del cobre, donde el país concentra del orden de un cuarto de la producción mundial de mina. En la práctica esto se modela como una economía pequeña en capitales, pero expuesta a shocks de términos de intercambio que operan como el principal canal real de transmisión —y que, cuando son transitorios y muy grandes, plantean el problema de "enfermedad holandesa" que formalizaron Corden y Neary (1982).

Cómo lo explicó el programa

En el episodio del 30 de julio de 2026, en el bloque "Transmisión a Chile: tasas, tipo de cambio y commodities", Manuel Bengolea resumió el mecanismo en una frase que es, literalmente, el supuesto del modelo: "las tasas en pesos son una función de las tasas en dólares". El punto no es que las tasas locales copien a las externas, sino que se determinan a partir de ellas: el Banco Central maneja el corto plazo, pero el tramo largo de la curva en pesos hereda el nivel externo más la prima local.

Lo interesante del episodio fue el diagnóstico sobre el origen del alza externa. Cuando las tasas largas en dólares suben porque la economía estadounidense crece más, el manual predice dólar fuerte —el capital corre hacia el activo que rinde más— y commodities presionados a la baja. Lo que el programa describió fue lo contrario: sube la tasa larga y, aun así, el dólar se deprecia y los commodities suben. La aparente contradicción se resuelve identificando el shock. Si el alza responde a ruido —mayor premio por plazo, dudas fiscales, incertidumbre institucional— y no a más crecimiento, lo que sube no es el retorno real esperado sino la compensación exigida por sostener el riesgo en dólares. Eso deteriora la moneda en vez de fortalecerla, y con un dólar más débil los commodities cotizados en esa moneda tienden a subir.

Para Chile esa combinación es doblemente relevante: llega el costo (tasas largas más altas, importadas vía paridad) sin el beneficio habitual (dólar fuerte que abarata el financiamiento externo), pero con un premio compensador por el lado de los términos de intercambio. Es exactamente el tipo de descomposición que el modelo de economía pequeña y abierta obliga a hacer: el efecto sobre Chile no depende de que las tasas externas suban, sino de por qué suben.

Relación con otros conceptos

El concepto se apoya en la paridad descubierta de tasas de interés y en la prima de riesgo soberano, que explican la cuña entre la tasa externa y la local. Se conecta con el trilema monetario, que define qué grados de libertad quedan disponibles, y con la flotación cambiaria como amortiguador de shocks, el argumento que justifica el régimen chileno. Por el lado real, se articula con los términos de intercambio, la cuenta corriente —que en una economía abierta es, contablemente, la diferencia entre ahorro e inversión doméstica— y con la enfermedad holandesa. Finalmente, dialoga con las reglas fiscales contracíclicas (el balance estructural chileno), que existen precisamente para que el gasto público no amplifique un shock externo transitorio.

Fuentes y lecturas

  • Mundell, R. A. (1963), Capital Mobility and Stabilization Policy under Fixed and Flexible Exchange Rates, Canadian Journal of Economics and Political Science, 29(4).
  • Fleming, J. M. (1962), Domestic Financial Policies under Fixed and under Floating Exchange Rates, IMF Staff Papers, 9(3).
  • Corden, W. M. y Neary, J. P. (1982), Booming Sector and De-industrialisation in a Small Open Economy, The Economic Journal, 92(368).
  • Obstfeld, M. y Rogoff, K. (1996), Foundations of International Macroeconomics, MIT Press.
  • De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson–Prentice Hall. (Manual en español escrito desde la experiencia chilena.)

Apariciones